Archivos mensuales: septiembre 2014

Buscando las raices del sufrimiento

Publicado con Dokûsho Villalba en la revista FOMECO, Formación médica continuada. Nº 4. 2001

Reflexiones para un diálogo entre la psicoterapia y el budismo

El Budismo Mahayana se ha caracterizado por su flexibilidad y su capacidad de interrelacionarse con los valores culturales propios de cada cultura con la que se ha encontrado en su expansión desde sus orígenes hasta nuestros días. Esta capacidad de diálogo y de interfecundación ha sido uno de los factores que han hecho del Budismo Mahayana una fuerza espiritual viva, activa y abierta a los signos de los tiempos.

En Occidente, desde Freud, el estudio de las estructuras emocionales y psicológicas humanas ha pasado a formar parte de nuestro acervo cultural y sus descubrimientos se han convertido en referencias importantes para gran parte de los seres humanos que habitamos en los países llamados desarrollados. Desde Freud, la psicología occidental ha evolucionado mucho dando lugar a un gran número de escuelas, interpretaciones y puntos de vista.

Actualmente, las psicoterapias forman parte de la vida cultural cotidiana de Occidente. Cada vez son más las consultas, los seminarios, los talleres de estudio y las personas que siguen algún tipo de apoyo emocional y psicológico en forma de psicoterapia.

En mi experiencia como maestro de meditación Zen vengo dirigiendo desde hace veinte años unos quince retiros de meditación Zen al año a lo largo de la geografía española y del extranjero. Miles de personas han participado en estos retiros a lo largo de estos años. He podido comprobar que existe un gran número de personas con desequilibrio s en su estructura emocional y psicológica. Muchas de estas personas han seguido o están siguiendo algún tipo de tratamiento psicoterapéutico. Debido a esto comencé a interesarme por los principios y la manera de operar de los principales sistemas psicoterapéuticos. He dedicado varios años al estudio intenso de estos sistemas y he conversado o mantenido sesiones de trabajos con importantes psicoterapeutas españoles.

1. PSICOTERAPIA y BUDISMO

Desde nuestro punto de vista, la Psicoterapia y el Budismo tienen los mismos fines, si bien su campo de acción dentro del espectro de la conciencia humana, y por ende sus herramientas terapéuticas, son distintos.

Más allá de la definición de psicoterapia hecha por Freud, para quien el fin de la terapia era “pasar del sufrimiento extremo, propio del neurótico a la miseria normal de la vida cotidiana”, hoy día se concibe la psicoterapia como un medio de comprender las causas de las perturbaciones mentales, somáticas, emocionales y energéticas, y como un método, práctico de restablecer el equilibrio perdido o nunca experimentado. A esto debe añadírsele las últimas aportaciones de la psicoterapia transpersonal cuya meta ya no es sólo la de restablecer el equilibrio, sino también la de favorecer la evolución y el crecimiento psico-espiritual. En pocas palabras, el fin de la psicoterapia, considerada en sentido global, no es otro que el de contribuir a la paz, al bienestar, a la felicidad de los individuos, mediante una reestructuración de sus mecanismos mentales, corporales y emocionales.

Las herramientas que para ello usa la Psicoterapia vienen dadas por los métodos psicoterapéuticos que a lo largo de los años han desarrollado las distintas escuelas.

También el Budismo surgió en este mundo con el fin de ayudar a los seres humanos a comprender las causas de sus sufrimientos y de conducirles a la resolución de los mismos. La decisión del príncipe Gautam de abandonar su familia, su reino y su vida palaciega, vino dada por su confrontación con la enfermedad, la vejez y la muerte. El príncipe Gautam estudió y practicó los distintos sistemas filosóficos y yógicos de la época, pero fue sólo a través de la práctica de la meditación como pudo alcanzar el fin deseado.

La Psicoterapia y el Budismo tienen los mismos fines. La pregunta esencial para ambos podría ser: ¿Cuál o cuáles son las causas de los innumerables sufrimientos corporales, emocionales, mentales y espirituales que experimentamos los seres humanos en el transcurso de nuestra existencia y qué y cómo podríamos hacer para ponerles fin? ¿De dónde surgen estos sufrimientos?

A pesar de que éstas son las preguntas esenciales tanto de la Psicoterapia como del Budismo las respuestas son diferentes, aunque no excluyentes ni necesariamente antagónicas.

Estas respuestas sólo son diferentes por el hecho de que la Psicoterapia se ocupa de campos de la conciencia humana diferentes de los que se ocupa el Budismo. Siendo sus campos de acción diferentes, sus herramientas también lo son. Esto no ocurre sólo en la relación de la Psicoterapia con el Budismo, sino también dentro de la misma Psicoterapia, cuyas distintas escuelas responden también de manera diferentes y operan de distinta manera, porque se ocupan de diferentes niveles de la conciencia humana.

2. EL ESPECTRO DE LA CONCIENCIA

Hasta hace pocos años era imposible pensar en un acercamiento entre la Psicoterapia y el Budismo, o entre la Psicoterapia y la Espiritualidad en general. En Occidente, la psicología ha luchado mucho por ser reconocida como una ciencia empírica basada en un modelo de pensamiento racionalista. Para muchos psicoterapeutas racionalistas, las necesidades y las experiencias espirituales de sus pacientes no eran más que patologías del carácter, o falsa sublimación de necesidades ordinarias insatisfechas.
Por otro lado, muchos líderes y maestros espirituales tradicionalistas, tanto budistas como de otras religiones, han considerado las prácticas psicoterapéuticas como una aberración o como un acercamiento excesivamente pagano o racional al problema del alma y del sufrimiento humano. Además se ha dado un conflicto de celo profesional: muchos sacerdotes de distintas religiones han considerado a los psicoterapeutas como unos intrusos en el campo del alma humana, una especie de sacerdotes paganos que recurren a métodos no trascendentales para sanar la mente y el corazón de los seres humanos.
Hoy día, no obstante, tanto en América como en Europa, se asiste a un acercamiento y a una interrelación muy fructífera entre los planteamientos de las diferentes escuelas psicoterapéuticas y las diferentes tradiciones espirituales.
A este acercamiento ha contribuido mucho la obra y el pensamiento de Ken Wilber, uno de los más grandes pensadores occidentales actuales en el estudio de la conciencia, quien ha elaborado una sólida teoría sobre la conciencia humana que incluye tanto los principales descubrimientos de la psicología y de la filosofía occidental como la visión del Budismo sobre el ser humano. Nuestro trabajo se basa en gran parte en los descubrimientos y en la síntesis de Wilber.
Ame todo debemos hacernos algunas preguntas: ¿Encontramos en el Budismo respuestas claras y concretas y métodos de sanación para todos los diversos tipos de sufrimientos del ser humano? Mi respuesta es no. En el Budismo, por ejemplo, no encontramos enseñanzas ni indicaciones precisas que nos permitan diagnosticar una apendicitis ni el método exacto para proceder a una intervención quirúrgica. El Budismo no se ocupa de resolver el sufrimiento provocado por una disfunción corporal. y por otra parte, ¿encontramos en las psicoterapias respuestas claras y concretas y métodos de
sanación para todos los diversos sufrimientos del ser humano? Está claro que la respuesta es no.. Esto debe bastar para hacemos ver que tanto la Psicoterapia como el Budismo (o cualquier otra vía de realización espiritual) operan sobre campos o niveles concretos de la Conciencia humana.
Para poder comprender el campo de acción en el que opera tanto la Psicoterapia como el Budismo, debemos elaborar un ma-
pa amplio de la conciencia humana y percibirla como un espectro, es decir como algo constituido por distintas franjas o niveles. Fundiendo en un solo mapa ampliado las tradiciones
orientales y occidentales que se han ocupado del estudio de la conciencia humana podemos disponer de una topografía amplia y rica del espectro de la conciencia, que nos permita tener una perspectiva amplia y descubrir complementariedad allí donde antes sólo veíamos contradicciones.
Este mapa nos permite comprender que los diferentes sufri mientos que experimentamos los seres humanos son generados en distintos niveles de la conciencia y que existen diferentes herramientas apropiadas para sanar sufrimientos diversos surgidos de diversos niveles de la conciencia.

3. LOS DISTINTOS NIVELES DE LA CONCIENCIA

Cabe definir la historia de la vida humana como un camino que va desde el sueño de la subconsciencia al Despertar de la supraconciencia, pasando por la etapa intermedia de la autoconciencia (o conciencia de yo).
En este camino podemos observar la aparición, el desarrollo y la trascendencia de doce niveles básicos. Estos doce niveles de conciencia van emergiendo cronológicamente en el transcurso de la evolución del individuo, constituyendo cada uno de ellos un estadio determinado en el desarrollo total de su Conciencia. Estos niveles se organizan jerárquicamente desde lo inferior a lo superior. La cualidad de inferior o superior viene dada por el grado menor o mayor de complejidad y por la amplitud del campo de conciencia de cada nivel. Así por ejemplo, un nivel superior incluye necesariamente a todos los niveles jerárquicamente inferiores y al mismo tiempo los trasciende,es decir, accede a una mayor complejidad y amplitud de campo.

Uno de los rasgos más característicos de los niveles de conciencia es que, una vez que emergen en el desarrollo evolutivo, siguen existiendo en la vida del individuo durante el desarrollo del nivel subsiguiente. Incluso en el caso de que un determinado nivel sea finalmente trascendido, subsumido y subordinado en un nivel superior conserva, sin embargo, una relativa autonomía e independencia funcional.

Estos doce niveles son:

Pre-personal. pre-racional.

1. Tendencias kármicas.

2. Concepción (padre, madre, circunstancias).

3. Gestación y nacimiento biológico.

4. Nivel físico-sensorial.

5. Nivel emocional-sexual.

6. Nivel Mente Representativa.
Personal. racional.

7. Nivel Mente Operacional (regla-rol).

8. Nivel Mente Reflexivo-formal.

9. Nivel Mente Lógico-existencial.
Transpersonal. trans-racional.

10. Nivel Psíquico.

11. Nivel Sutil.

12. Nivel Causal.

BREVE DESCRIPCIÓN DE ESTOS NIVELES

Esta descripción de la conciencia humana en doce niveles no pretende ser exhaustiva ni definitiva. Se trata más bien de un mapa de trabajo confeccionado a partir de los descubrimientos de la psicología evolutiva occidental

y de las enseñanzas que encontramos tanto en el Budismo como en otras vías de realización espiritual.

Nos resulta fácil comprender la conciencia humana formada por capas distintas que van emergiendo evolutivamente en la vida de un individuo hasta formar una especie de cebolla.

1. Las tendencias kármicas son las corrientes energéticas invisibles (resonancias mórficas de Sheldrake) que van a condicionar las circunstancias de la concepción. del nacimiento y de las tendencias generales de la vida del individuo.

2. En el momento de la concepción, tiene lugar la materialización de las tendencias kármicas junto con las condiciones kármicas del padre, de la madre y de las circunstancias de la concepción misma. Según el Budismo, el nuevo ser recién concebido no es sólo fruto de la herencia genética de los padres, sino también de las tendencias kármicas que en ese momento ‘renacen’. Las circunstancias de la concepción es también un factor que condicionará el desarrollo del embrión.

3. La gestación y el nacimiento biológico están condicionados por los dos niveles anteriores y a su vez condiciona a los demás niveles que deberán emerger. Si las condiciones de la gestación y del nacimiento no han sido favorables, las impresiones recibidas por la gestante permanecen en su subconsciente convirtiéndose en causas de trastornos físicos, emocionales y psicológicos.

4. Con el nacimiento biológico tiene lugar la separación del cuerpo físico del recién nacido del cuerpo de la madre. Aún así el

bebé no despierta enseguida la conciencia de ser un yo separado. En esta fase. el bebé comienza a desarrollar paulatinamente la conciencia de ser un cuerpo distinto del cuerpo de la madre. Este proceso de separación es sumamente importante y un trastorno en este momento repercute en la vida posterior del individuo.

5. El siguiente paso en el proceso de consolidación de un yo separado es el emocional-sexual. En este nivel, el bebé no sólo se vive a sí mismo como un cuerpo separado, sino también como una motivación (volición) separada de la de su madre. El bebé descubre sus propias necesidades emocionales y de placer y las articula alrededor de un yo emocional-sexual.

6. Paulatinamente, alrededor de los tres años, el niño comienza a desarrollar su mente representativa, es decir, su yo comienza a desplazar su centro de identificación de lo corporal y lo emocional y pasa a centrarlo cada vez en su mente representativa. Esta mente, al principio está formada sólo de imágenes, pero poco a poco, estas imágenes van dando paso a los símbolos. El niño entra en el mundo simbólico de la mente y su yo comienza a ser un yo simbólico-mental.

7. En el nivel operacional el niño se percibe a sí mismo como un yo mental interactuando con otros yo mentales. Piaget llamó a este nivel ‘operacional’ porque permite al niño operar sobre el mundo y sobre su propia mente e interactuar en el ámbito de la cultura mediante la capacidad de asumir y de comprender roles y reglas. Suele emerger alrededor de los siete años y constituye el rito de paso de la primera a la segunda infancia. Aquí comienza la socialización por lo que éste es el nivel del yo social.

8. En el nivel reflexivo, la mente no sólo es capaz de realizar una actividad simbólica como pensar o interactuar con otras mentes asumiendo reglas y roles, sino que además es capaz de pensar sobre el pensamiento mismo, es decir, comienza a ser capaz de pensar sobre ella misma. Se vuelve reflexiva. Esta capacidad de reflexión vuelve a cada individuo único y singular y contribuye enormemente a la creación de una imagen propia, o ego, distinto y diferenciado de todos los demás egos. Es la culminación del proceso de individuación.

9. El siguiente nivel es llamado ‘lógico’ porque el individuo desarrolla su capacidad de reflexión hasta el punto de llegar a conocer los patrones o leyes profundas que rigen su pensamiento o su reflexión. Éste es el nivel filosófico por excelencia. El individuo se vuelve capaz de conocer el proceso mismo por el que llega a conocer. También se le llama ‘existencial’ porque en este nivel el individuo torna conciencia de su propia separatividad y de su impermanencia como ser individual, de su transitoriedad y de su mortalidad. Éste es el nivel en el que se desenvuelven los grandes filósofos tanto occidentales como orientales. Es el trampolín adecuado para saltar más allá del pensamiento y del ego hacia la trascendencia.

10. En el nivel psíquico el ser comienza a tomar conciencia de sí mismo más allá de la individualidad, más allá del pensamiento racional e incluso más allá de los límites del espacio-tiempo. Éste es el primer paso en la trascendencia del ego, de la cultura humana, del nacimiento y de la muerte. La telepatía, la sincronicidad Uung), la premonición, el conocimiento de vidas pasadas y la capacidad de predecir el futuro son fenómenos típicos de este nivel, propio de los yoguis y de las personas que poseen los llamados ‘poderes extrasensoriales’ .

11. Más allá de este nivel psíquico y en aquellas personas que acceden a este nivel de evolución de la conciencia, el ser entra en contacto con las energías sutiles que subyacen al mundo aparente del samsara, o maya. Éste es el mundo de los arquetipos celestiales (devas, ángeles, yiddam, bodhisattvas, luz divina, sonidos celestiales, mantras), de las emanaciones más sutiles de la fuente original de la vida. Éste es el mundo del cuerpo samboghakaya del Buda.

12. Por último nos encontramos con el nivel causal. Éste, más que un nivel más a añadir a los otros, es el nivel en el que el ser retorna a su origen y entra en contacto con la fuente misma de todos los demás niveles, más allá de cualquier forma. Es la realización del dharmakaya y de la esencia de toda manifestación (Principio Absoluto, Vacuidad, Sunyata, Dios sin forma y sin nombre). En el Budismo éste sería la realización de la Suprema y Perfecta Sabiduría (anokutara samyaku sambodhi). El nivel propio de un Buda plenamente realizado.

Cada uno de estos niveles sigue un proceso concreto de emergencia y de desarrollo. y para cada uno de ellos existen condiciones favorables y condiciones desfavorables. En cada uno de ellos pueden darse trastornos de desarrollo que en los casos graves dan lugar a ‘patologías’. Estas patologías se manifiestan en forma de dolor o sufrimiento. Cada nivel tiene su propia forma de dolor o de sufrimiento.

Estos doce niveles pueden ser agrupados en tres Reinos: Pre-personal (subconsciente) (del 1 al 5 nivel), Personal (autoconsciente) (del 6 al 9) y Trans-personal (supraconsciente) (del 10 al 12). Cada uno de estos niveles tiene rasgos característicos y dinámicas de desarrollo propias.

La evolución natural de la conciencia va desde el sueño de la subconsciencia al despertar de la autoconciencia, y desde aquí al Despertar de la supraconciencia (o realización de la naturaleza original de la Conciencia). Incluso en los casos en los que esta evolución se desarrolle normalmente, la trascendencia de un nivel inferior que se produce cuando emerge el siguiente nivel superior genera casi siempre un cierto dramatismo, una situación de crisis, una experiencia de muerterenacimiento, generalmente acompañada de un cierto dolor e incertidumbre.

A mi modo de entender, las psicoterapias y las vías de realización espiritual han surgido como herramientas para ayudar a superar las crisis provocadas por las emergencias de los nuevos niveles de conciencia y también como herramientas para sanar las patologías que pueden darse en el desarrollo de cada uno de estos niveles. No obstante, las psicoterapias y las vías de realización espiritual operan sobre distintos niveles de conciencia. Por ejemplo, en el Budismo no encontramos ninguna referencia a cómo superar un desequilibrio surgido de un parto problemático, ni a cómo superar una fijación patológica generada por un desarrollo anormal de la fase edípica. Así como tampoco podemos encontrar en ninguna psicoterapia enseñanzas precisas para acceder normalmente a los niveles psíquicos, sutiles o causales (transpersonales o trascendentales) de la conciencia.

Podríamos decir que las psicoterapias modernas se ocupan de favorecer el desarrollo normal de la conciencia desde el nivel 3 al 9, es decir, ayudan al proceso de individuación (Jung). Tratan de desarrollar el ser humano hasta el nivel máximo de autoconciencia (o conciencia individual, conciencia de yo). En resumen, tratan de generar egos sanos. Y esta contribución es muy importante porque parece incuestionable el hecho de que el paso por la autoconciencia hacia el camino de la supraconciencia es imprescindible. Esto nos lo hace ver el hecho de que ningún bebé puede realizar plenamente su naturaleza de Buda. Es imprescindible que acceda a una conciencia individualizada de adulto maduro (nivel 9) para desde aquí acceder a la supraconciencia (anokutara samyaku sambodhi). Por su parte, las vías de realización espiritual están específicamente diseñadas para favorecer el paso desde el nivel 9 al 10, 11 ó 12, es decir, favorecen la trascendencia del ego, de la conciencia individual, de la conciencia de separación.

Ahora bien, surge la pregunta: ¿Es posible trascender el ego sin que previamente este ego haya completado su proceso natural de maduración? ¿Es posible acceder a lo trascendental (transpersonal) cuando el individuo no ha completado plenamente su proceso de llegar a ser persona? ¿Es posible trascender el nivel racional de la mente cuando este mismo nivel no ha completado su proceso de maduración? Nuestra respuesta, basada en nuestra experiencia, es que no.

En Occidente, y creemos que también en Oriente, existe una gran confusión respecto a esto. Esta confusión tiene su origen en la falta de discriminación entre los niveles pre-personales (subconscientes) y los niveles transpersonales (supraconscientes).

Lo único que tienen en común los niveles pre y trans-personales es que no son personales, es decir, en ellos no hay conciencia de ego, de yo. No obstante, existe una gran diferencia entre ellos: en los pre-personales la conciencia de ego aún no ha surgido (pero debe surgir); en los niveles transpersonales la conciencia de ego ha sido trascendida.

Dicho de otro modo, lo único que tienen en común los niveles pre-racionales (subconscientes) y los trans-racionales (supraconscientes) es que no son racionales. No obstante, existe una gran diferencia entre ellos: en los niveles pre-racionales, la mente racional aún no ha surgido (pero debe surgir), en los niveles trans-racionales, la mente racional ha sido trascendida.

Por nuestra propia experiencia sentimos que todos los que nos acercamos a la meditación zen lo hacemos tratando de aliviar algún tipo de malestar interno. Queremos superar nuestro dolor tratando de alcanzar algún tipo de realización espiritual y por ello practicamos meditación, retiros intensivos, etc. No obstante, hemos podido comprobar que la práctica de la meditación no es la medicina apropiada para todas las personas.

La meditación zen es una práctica espiritual, una herramienta de un poder y de un valor incalculable para trascender el ego y la mente racional, para acceder directamente al nivel causal (a la naturaleza básica de la conciencia). No obstante, esta herramienta es desaconsejable para aquellas personas que sufren por un problema de falta de maduración del ego, de la personalidad. De la misma manera que una enfermedad corporal impide una práctica correcta de la meditación zen, también una patología emocional o una disgregación psicológica son un obstáculo y sería irresponsable difundir la idea de que la práctica de la meditación es un elixir que cura todo tipo de sufrimiento.

La enseñanza de anatman (muga, en japonés: no yo) debe ser exactamente entendida en el marco de la psicología evolutiva. En esto, la experiencia de Occidente tiene mucho que decir. En las comunidades espirituales occidentales encontramos muchos psicóticos e incluso esquizofrénicos que confunden la doctrina de anatman con su propia conciencia disgregada.

Conocemos a una mujer muy cercana que hace unos años fue ordenada monja zen soto en Europa. En el transcurso de un retiro intensivo de meditación, debido a la presión emocional y psicológica que se genera en dichos retiros, sus propias tendencias psicóticas se manifestaron con fuerza y sufrió una crisis aguda. Debido a mi amistad con ella fui a visitarla al hospital psiquiátrico en el que tuvo que ser internada. Había perdido la conciencia de sí, no recordaba su pasado, ni su personalidad, no sabía quién era. Pude sacarIa del hospital y ponerla en manos de un amigo psicoterapeuta de prestigio, así como someterla a tratamiento de acupuntura. Al cabo de un mes había recuperado su estado ordinario de conciencia. Yo le aconsejé que durante un tiempo prudencial se olvidara de la práctica de zazen y se sometiera a un tratamiento prolongado de psicoterapia, con el fin de poder llegar hasta la raíz de sus rasgos psicóticos y sanar esa herida. Ella se negó. Al sentirse fuerte de nuevo reemprendió una práctica diaria de zazen, siguió acudiendo a retiros multitudinarios en los que su maestro espiritual no practicaba un seguimiento cercano del estado mental de sus discípulos y, al cabo de unos meses, tuvo de nuevo otra crisis psicótica, más fuerte aún que la anterior. Desde entonces, sus crisis se alternan con una práctica de meditación zen que a mi modo de entender es altamente destructiva.

Este ejemplo es un caso extremo, pero hemos podido comprobar la existencia de muchísimos otros que, sin llegar a tal extremo, siguen la misma dinámica: tratar de usar el método de la meditación zen para resolver problemas que no pueden ser resueltos (más bien se ven agravados) por la meditación.

El maestro Dogen escribió en el Shobogenzo Bendowa:

“Estudiar el Zen significa estudiarse a sí mismo.

Estudiarse a sí mismo significa olvidarse a sí mismo.

Olvidarse a sí mismo significa hacerse uno con todas las existencias del Universo.”

Este Sí Mismo es espíritu, mente, emoción y cuerpo. En esencia, vacuidad. Pero es imposible .acceder a la plena realización de la vacuidad si antes no nos hemos realizado en tanto que cuerpo, emoción, mente y espíritu. No podemos olvidarnos a nosotros mismos si antes no nos hemos reconocido. No podemos abandonar el ego si antes no hemos desarrollado un ego maduro. Sentimos que es imposible realizar plenamente nuestra naturaleza espiritual, si antes no nos hemos realizado como seres humanos en nuestros niveles corporal, emocional y mental. Nuestra práctica espiritual no puede ser seguida como negación o falsa sublimación de nuestros desequilibrios personales. No podemos usar el perfume del incienso espiritual para ocultar el olor y el dolor de nuestras heridas emocionales.

En cierta ocasión, Nasrudin, un sabio loco mítico de la tradición sufi, se encontraba a cuatro patas sobre el suelo, de noche, cerca de una farola callejera. Parecía estar buscando algo. Vino a pasar por allí un amigo suyo y al verle de este modo le preguntó que le ocurría. Nasrudin le dijo que había perdido la llave de su casa y que la estaba buscando. Su amigo se puso a buscar la llave con él. Al cabo de dos horas de búsqueda bajo la farola, el amigo le preguntó dónde había dejado caer exactamente la llave. Nasrudin respondió: “jOh, la perdí en un callejón oscuro a tres manzanas de aquí!” El amigo, extrañado, le preguntó entonces porqué la estaba buscando tan lejos de donde la había perdido. Nasrudin respondió.” Aquí hay más luz!”

A veces nos sucede igual que a Nasrudín: no buscamos las raíces de nuestros sufrimientos allí donde han sido generados, y de esta forma no encontramos una buena manera de resolverlos.

4. LA NECESIDAD DE COMUNICACIÓN

Siento que es importante que los líderes religiosos y los psicoterapeutas mantengamos una buena comunicación y un diálogo fluido. Necesitamos traducir nuestros puntos de vista a un lenguaje común que nos permita entendernos y colaborar juntos en pos de una vida humana digna y libre de muchos sufrimientos. Juntos podemos comprender más y mejor que separados. La competición y la arrogancia intelectual deben dar paso a una colaboración multidisciplinar que nos permita comprender amplia y profundamente las raíces del sufrimiento humano y nos ayude a perfeccionar las herramientas que ya tenemos para resolverlos.

Un ejemplo lo tenemos en la construcción de una casa. La colaboración y el trabajo sincronizado de muchos especialistas nos permite construir una hermosa casa. Tenemos los albañiles que se ocupan de la cimentación y de la estructura básica, los carpinteros hacen su trabajo, así como los fontaneros, los electricistas, los especialistas en calefacción o en instalación de energía solar, etc. Todo ello es diseñado y supervisado por el arquitecto, etc.

Los psicoterapeutas deben revisar sus prejuicios racionalistas y aceptar la dimensión espiritual de la vida humana. Deben orientar a sus pacientes hacia esta dimensión espiritual y de ninguna manera patologizarla. Porque la evolución humana no acaba en un ego bien estructurado ni en un individuo bien integrado en su sistema social, sino que se abre imprescindiblemente hacia la trascendencia.

Por otra parte, los líderes religiosos debemos desarrollar una vida espiritual sana y realmente trascendente. Tenemos que aprender a distinguir las causas del sufrimiento de las personas que acuden a nosotros buscando auxilio espiritual y tener la humildad de reconocer los límites de nuestros conocimientos y de nuestras capacidades. Si por ejemplo acude alguien a nosotros buscando alivio para su dolor de muelas, no se nos ocurre decirle que practicando meditación o recitando el Sutra del Loto su dolor va a desaparecer. Más bien, le decimos que acuda a un dentista y, una vez sanada su dolencia, entonces podemos aconsejarle practicar meditación o recitar algún texto sagrado.

Con el dolor emocional y psicológico ocurre lo mismo. Por supuesto que las palabras compasivas de un sacerdote son siempre benefactoras y actúan positivamente sobre el alma de las personas, pero en muchos casos no basta con palabras compasivas: es necesario utilizar una herramienta exacta que permita la comprensión y la solución de un dolor concreto.

Siento que, más allá de la división del planeta en Occidente y Oriente, debemos utilizar los conocimientos y las experiencias tanto de Oriente como de Occidente para hacer que esta tierra y esta vida en la que vivimos aquí y ahora, sea cada vez más realmente la Tierra Pura del Buda.

Siento que las psicoterapias y las vías espirituales deben trabajar juntas en la consecución de este objetivo.

La comunicación en pareja

Como extraños que no tienen nada que decirse” cantaba Charles Aznavour… A pesar de la ternura, a pesar del cariño y de la esperanza, dos seres que han andado un buen trecho de su camino juntos, un día se encuentran enfrentados, incapaces de comunicarse, de abrir su corazón, de mostrar sus pensamientos, de hacerse accesibles

¿Por qué han llegado a esta situación? ¿Cómo fue eso posible? ¿Pueden mejorar sus relaciones?

Desde luego que sí, si ambos miembros de la pareja eligen la comunicación como puerta de entrada al conocimiento de sí mismos, o también podríamos decir, en lugar de conocimiento, co-nacimiento del sí mismo.

En nuestra cultura, el inicio de la vida en pareja está cargado de tal inversión (afectiva, económica, social…) que casi siempre se ha asociado con la posibilidad de encontrar la felicidad y de poseerla perpetuamente. Esta idealización de la vida a dos será fuente de decepciones y frustraciones ya que la realidad de la vida en común no responde jamás a los sueños y a las fantasías que proyectamos en el comienzo del encuentro amoroso o a lo largo de la vida en común. A no ser que cada uno de los miembros de la pareja asuma el compromiso de mirarse, de trabajarse interiormente, de despertar a ese conocimiento o co- nacimiento del sí mismo.

El compromiso consiste en: aceptarse en la imagen proyectada en el otro; ir “mas allá” del ideal perdido; centrarse en la observación de la propia vida, de la propia conducta, de los propios sentimientos; y, por supuesto, apresarlos creativamente en la pareja, sin caer en el mutismo enfermizo ni “tomar las de Villa Diego” o “Si te he visto no me acuerdo”.

Al despertamos en este sentido, surge la conciencia-responsable y podemos nacer a todo lo que somos en ese amplio espectro de luces y sombras. Al liberamos de falsas creencias y vanas ilusiones también liberamos al ser amado, a nuestro compañero-a en el camino.

Una de las piedras que encontramos en el camino es la confusión entre nosotros y el yo+yo. Esto quiere decir que cada uno de los miembros de la pareja puede en distintas ocasiones ampararse, recuperar, alienar la palabra del otro en beneficio propio… Y esto con los mejores sentimientos y las mejores intenciones.

Casi siempre sin saberlo, pues es difícil no escuchar nuestro propio deseo, sobre todo cuando habla más fuerte que el del otro. La confusión del YO y del TÚ oculta a veces un deseo de posesión y encierra un poder de alineación, al cual es difícil escapar por estar enunciando en términos de amor y de buena intención. En este sentido una buena frase para reflexionar es:

“No puedo pensar en nosotros
Estoy todavía en el yo
puesto que durante años
he venido siendo el otro”

Otra piedra en el camino de la comunicación es la imposibilidad de diálogo por falta de escucha. Muchas veces esa imposibilidad de escuchar al otro de una manera activa quiere decir: “No quiero escuchar”, “lo que me dices es demasiado doloroso para quererlo entender” o “he hablado demasiado para impedirle que me diese el eco que sin embargo deseaba”.

Todo esto nos conduce a un doble monólogo que deja a cada uno insatisfecho y reivindicativo frente al otro.

La trampa más frecuente es quizás que el yo perciba como un reproche todo lo que el otro intenta comunicarle. El habla de él y yo creo que se refiere a mí, como si yo fuese responsable y culpable de todo lo que para él o ella es difícil y lo que él o ella vive sólo se debiese a mis insuficiencias.

Otra piedra en el camino de la comunicación en la pareja es el resentimiento acumulado. Podríamos preguntamos ¿De dónde viene este resentimiento? Muchas veces viene de esperanzas contradictorias y de la ambivalencia que tenemos con respecto al “tener” o al “carecer” delotro.

E! resentimiento se nutre de decepciones vividas a través de una multirud de pequeños detalles más o menos insignificantes (palabras, miradas, mímica, gestos que son vividos como estímulos ante una falta, una insuficiencia)

Para evitar todo esto harían falta muchos momentos de charlas clarificadoras que funcionasen como “purgas”, para evitar la intoxicación, la polución de la relación producida por la vida cotidiana compartida. Y así podríamos enumerar otras tantas piedras del camino como la agresividad indirecta, las expectativas irrealizables, la importancia de la presencia del pasado, la “contabilidad afectiva” en la pareja.

Para terminar me gustaría invitar a todas las parejas que lean este artículo que ensayen y se comprometan en la comunicación con su pareja, creando una dinámica de RELACION. Este camino a veces puede parecer agotador o difícil pues de lo que se trata es de encontrarse a sí mismo en las proyecciones inconscientes que hacemos sobre el otro. La comunicación también implica un riesgo importante: el escuchar activamente al otro puede llevamos a un cambio. Y este cambio, en ocasiones -si nos atrapa las identificaciones egoicas- podemos vivirlo con MIEDO.

Aquí podemos decir, para relajar esta fantasía, que cambiar no es convertirse en otro. Es convertirse en quien se es… y aceptarlo.

Afirmar nuestra existencia es crear la posibilidad de no caer en el engaño de los deseos y las exigencias del otro, ni en las propias.

Las patologías del deseo material femenino

Tres patologías del deseo material femenino están vinculadas en su significado: las compras compulsivas, la cleptomanía y las comilonas.
En el budismo existe una descripción de diferentes formas de existencia que se simbolizan como ámbitos únicos en la Rueda de la Vida.
El ámbito de los “espíritus hambrientos” es aquel al que son atraídos los seres por sus deseos insatisfechos.
Los espíritus hambrientos se describen como criaturas parecidas a los humanos, con largas gargantas que son tan estrechas y están tan en carne viva que el tragar produce un dolor insoportable. Sus grandes vientres distendidos son incapaces de digerir ningún tipo de alimento, y los intentos de gratificarse solo producen un hambre más intensa. Los espíritus hambrientos no pueden disfrutar con las experiencias de la vida cotidiana, sino que están obsesionados con lograr una completa liberación de los dolores de su pasado, sin ser conscientes de que sus deseos son inalcanzables. La naturaleza vacía e insaciable de los espíritus hambrientos se halla dolorosamente expresada en las mujeres que están atrapadas en el mundo material de las compras.
Según un psicólogo clínico Will Cupchik, nos dice que el cree que las mujeres que roban lo hacen porque tienen deseos inconscientes que no han reconocido: no han integrado satisfactoriamente las pérdidas, las heridas y la cólera de sus relaciones que han sido de maltrato o insatisfactorias. Se sienten víctimas de una serie de personas a las que quieren “devolvérsela” robando.
Otra patología son las compras compulsivas o el gasto excesivo.
La compra compulsiva de distingue de la compra ordinaria por los siguientes criterios:
Impulsos de comprar que se viven como irresistibles; comprar frecuentemente más allá de los propios medios artículos que no se encestan, y comprar durante períodos de tiempo más largo de los que se pretende.
Estos impulsos interfieren en la vida laboral y familiar significativamente y a menudo suelen tener como consecuencia graves problemas económicos, como el llegar a arruinarse.
Los compradores compulsivos van a los grandes almacenes cuando se sienten tristes, solitarios, enfadados, frustrados, heridos o irritables. La vasta mayoría informa que suelen sentirse poderosos cuando están comprando, se sienten felices aunque este sentimiento les dura poco. Después llega la depresión cuando se dan cuenta de la gran cantidad de dinero que han gastado.
Existen numerosos estudios que nos dicen que se dan más compradoras compulsivas entre las mujeres que entre los hombres. Estos pueden recurrir al alcohol, a los deportes…al sexo. Como estrategias distintas para completarse.
En el caso de las mujeres parece ser que el comprar es la estrategia más normal.
Muchas mujeres sin llegar a convertirse en compradoras compulsivas, lo hacen de manera impulsiva como forma de subir su autoestima, una forma de aliviarse de alguna decepción en el trabajo, en casa o con algún amigo o amiga.
En vez de abordar los acontecimientos de una manera clara, buscando la comprensión de lo que ha pasado, con sentido de la autodeterminación y de la responsabilidad en la propia vida.

Otra patología que nos habla de ese hambre interna, a menudo descrita como un agujero negro que consume todo en su desesperación, son las comilonas, los empachos.
Los comedores compulsivos crónicos consumen grandes cantidades de comida, los suficientes para enfermar. Algunos vomitan y otros no.
La comida, como las compras, crea una sensación física que parece llenar el vacío interior.

Las tres patologías del deseo femenino se encuentran frecuentemente en tándem o al unísono. Es decir, que la cleptomanía, las compras compulsivas y empacharse afectan a menudo a la misma mujer, en diversos períodos de tiempo simultáneamente.
Sin llegar a estos extremos adictivos, muchas mujeres podemos encontrarnos ansiando cosas o comida cuando tenemos que hacer frente a deseos dolorosos no satisfechos.
Algunas mujeres se vuelven hacia los bienes materiales en búsqueda de consuelo o de venganza por los amores perdidos o por otras pérdidas. Otras mujeres están desesperadas por poseer el último vestido de moda o artilugio de belleza que supuestamente debe aumentar su atractivo. Persuadidas por la cultura patriarcal de buscar el poder en los roles femeninos de musa, madre y esposa, descubren que en ellos no existen una elección y un poder reales y entonces vuelven la culpa y el resentimiento contra SL mismas. En vez de crear un yo, se olvidan de si creando una imagen, en vez de aprender a conocer sus deseos, se ocupan en sentirse deseables.
Si a mediados de su vida, una mujer no tiene un sentido claro de su valía y de sus propios deseos, habrá desarrollado un agujero negro en lugar de un auténtico yo. El agujero es el espíritu hambriento, ansiando siempre satisfacer sus deseos imposibles e incapaces de estar satisfecha en el presente.
Los dolorosos anhelos de los espíritus hambrientos expresan una necesidad de nutrirse espiritualmente, la única clase de alimento que puede satisfacer la vacuidad. En el budismo Zen la figura ayudadora de estos espíritus es el bodhisatva de la Compasión, que ofrece un cuenco lleno de objetos simbólicos de la nutrición espiritual. Esto es la necesidad de llevar una vida con sentido en un nivel más profundo, sentirse conectados con los demás y desarrollar la compasión por sí mismos y por los demás.

La mujer y el deseo

La relación de la mujer con el deseo de ser deseables en lugar de por el deseo de ser conocidas y amadas.

Esta relación de la mujer con el deseo de ser deseables en vez de considerarlo como un aspecto normal del carácter femenino, lo veo como un mal del desarrollo de las mujeres en sociedades en las que se espera que estas agraden a los hombres.

La compulsión de ser deseadas y deseables socava la propia dirección, la auto confianza, la autodeterminación.

¿QUE SIGNIFICA PARA TI QUERER SER DESEADA?

¿DONDE PONEMOS NUESTRO PODER PERSONAL?

Nos descubrimos queriendo ser:

– la madre perfecta
– la amiga ideal
– la amante seductora
– el cuerpo esbelto
– la vecina amable
– la jefa competente

QUEDAMOS ATRAPADAS POR IMÁGENES, EN VEZ DE CONOCER LA VERDAD DE NUESTRA VIDA.

Cuando nos sentimos frustradas, resentidas o perdemos el control. Que nos pasa realmente. Por qué llegamos a esos extremos?

Porque hemos sacrificado nuestros deseos y nuestras necesidades reales en base a los compromisos que hemos hecho con los demás.

Porque nunca decimos directamente lo que queremos, lo insinuamos.

Porque puede que ni siquiera sepamos lo que queremos.

ENTONCES…COMO RESTABLECER NUESTRA AUTORIDAD PERSONAL

¿Tenemos tiempo para nosotras mismas o estamos abrumadas por las necesidades y demandas de los demás?

La compulsión oculta de ser deseable o querida nos pone bajo una especie de hechizo mágico que hace que nuestra conducta sea confusa para los demás e incluso para nosotras mismas.

En una cultura patriarcal como la nuestra tenemos dos mitos creados para controlar el poder y los valores femeninos.

El mito de la vieja arpía, la bruja desvitalizadota. Este mito de la vieja arpía temida nos habla como símbolo de la mujer exigente emocionalmente. Cuando nosotras actuamos como si nuestros deseos fueran demasiado poderosos y pudieran dominar la libre voluntad o el buen sentido de la otra persona. Estamos reinventando la psicología negativa de la vieja bruja. Donde el poder de la mujer se describe como algo desvitalizador, abrumador, venenoso.

Solo cuando hablamos directamente, con una auto confianza segura, salimos de este sentido negativo del deseo femenino. Esto es, que no tenemos que esconder nuestras necesidades, que estas no son peligrosas.

El otro mito es el de la MUSA (antitesis de la bruja desvitalizadora). Cuando en una cultura patriarcal como la nuestra se habla de esto, se nos dice que el poder de la mujer es su belleza, en tanto esencia de vitalidad y de vida. Hoy en día lo podemos ver como la mujer niña anoréxica.

Ser Objeto del deseo, significa no poseer un núcleo del yo.

En este sentido, la MUSA siempre permanece bajo el control de su amo, es la vida del amo la que queda potenciada y completada a través de su inspiración.

Verse como objeto del deseo de otro, alimenta una idea falsa de que mantenemos al otro bajo nuestro control a través de nuestras acciones, de nuestros logros, de nuestra imagen.

Un trabajo importante en esta transformación de convertirnos en SUJETOS de nuestro propio deseo, es trabajar con los complejos ocultos. Cuando nuestros complejos se hallan velados a nuestra conciencia, pueden convertirse en monstruos, apagando nuestra vitalidad y socavando nuestra motivación.

Esto es lo que en la psicología profunda viene denominándose la integración de la propia SOMBRA.

En este trabajo de desarrollo de la Identidad Femenina lo presentamos en el módulo II del Taller.

¿QUE SIGNIFICA SER EL SUJETO DEL DESEO?

Básicamente despertar el sentido real de autodeterminación, esto es atrevernos a expresar con claridad (asertividad) nuestras propias necesidades y desarrollar esta soberanía en nuestra propia vida. Ejercer este derecho, nos lleva a asumir con plena responsabilidad nuestros deseos.

Responsabilizarnos significa responder por una misma, decidiendo éticamente y siendo sincera. Responsabilizarse es el paso siguiente a ser asertiva.

Solo dentro del marco de dicha soberanía personal es como puede desarrollarse la cara más amable del deseo, a través de la responsabilidad y de la autodeterminación de vivir de una forma compasiva y consciente.

El primer paso importante a dar en este camino de autodescubrimiento es salir de la creencia de que el poder femenino se basa en la belleza. Si no salimos de esta identificación en ser el objeto deseado por el hombre, nosotras mismas estamos impidiendo el que podamos alcanzar el próximo nivel de desarrollo, la capacidad de conocer y de mantener nuestras propias verdades en todos los dominios de nuestra experiencia.

Aportaciones de la meditación zen a la salud global

Articulo publicado por Dokushô Villalba y Jasone Zabala en la revista FOMECO, Formación médica continuada, en Abril 2000.

¿Qué es la meditación Zen?

El término japonés Zen es una transliteración del término chino Ch’an, que a su vez es una abreviación de Ch’an-na. Este es una transliteración al chino del vocablo sánscrito dhyana. Dhyana podría ser traducido como “absorción” o “reabsorción”. Para comprender este concepto podemos tomar el ejemplo de las gotas del rocío matinal. Estas gotas son una condensación de la humedad ambiental. Al salir el sol, las gotas de rocío se evaporan y son “reabsorbidas” por la humedad ambiental. De la misma forma, el Budismo considera que el organismo humano es una condensación de la energía universal, a la que deberá volver inevitablemente en el momento de la disolución (muerte). La actividad de la energía universal sigue pues un ciclo con tres fases: condensación, mantenimiento y disolución. En la vida humana, la condensación comienza con la concepción de un nuevo ser humano, continúa con su gestación en el vientre materno, con el nacimiento extracorpóreo del nuevo ser y culmina con la maduración corporal, física y mental. A partir de aquí, comienza la fase de mantenimiento de la vida madura, fase que da lugar a la siguiente, la inevitable disolución de la vida individual, que se manifiesta a través de la degeneración física y mental y, por último, la muerte, o reabsoción del ser individual en su Fuente Primigenia.

La práctica de la meditación Zen permite que el ser individual se conecte conscientemente con la Fuente Primigenia de su vida, con “su verdadera naturaleza original” en el lenguaje Zen. Esta conexión tiene el poder de reducir o hacer desaparecer el miedo a la muerte y al cambio, o dicho de otra manera, reduce el apego a la forma individual y al concepto de yo. Como veremos más adelante, para el Budismo este apego es la causa de todo desequilibrio y enfermedad y, por lo tanto, de todo sufrimiento.

El Buda Sakiamuni.

Pienso que es imposible comprender la acción terapeútica de cualquier remedio si no se tiene en cuenta el contexto conceptual en el que fue creado y aplicado. El contexto conceptual de la meditación Zen viene dado por la experiencia y la enseñanza del Buda Sakiamuni, fundador histórico del Budismo. El Buda Sakiamuni inició su búsqueda espiritual tras confrontarse con el hecho de que la realidad humana está marcada por el sufrimiento que acompaña las experiencias de la enfermedad, la vejez (degeneración física y mental) y la muerte. Sakiamuni hizo el voto de encontrar una vía de liberación de este sufrimiento. En la raíz del Budismo encontramos pues un deseo de sanación del dolor que acompaña a la condición humana. En un sentido general, el Budismo es una terapéutica del dolor humano, entendido no solamente como dolor físico sino sobre todo como dolor existencial. El Buda Sakiamuni estudió y practicó durante años con los mejores maestros de la época. Finalmente recurrió a la práctica milenaria de la meditación contemplativa, gracias a la cual, después de experimentar profundos procesos cognitivos internos, alcanzó el estado llamado “iluminación” o, en otras palabras, la perfecta reabsoción en la Fuente Original de la Vida, o bien el estado de Salud por antonomasia.

A partir de ese momento y hasta la edad de 85 años, el Buda recorrió el Norte de la India como un sanador espiritual aplicando la terapéutica que había descubierto y experimentado sobre sí mismo. Expuso su sistema de sanación a través de las llamadas Cuatro Nobles Verdades: la primera Noble Verdad hace referencia a los síntomas de la enfermedad humana; la segunda a las causas; la tercera afirma la capacidad de los seres humanos de alcanzar el estado de salud; la cuarta constituye el tratamiento. Veámoslo más detenidamente.

Las Cuatro Nobles Verdades:

1º. La Verdad del sufrimiento. El dolor y el sufrimiento existencial constituyen los síntomas universales del estado de enfermedad o pérdida del equilibrio. Insisto en que este dolor debe ser entendido en un sentido genérico como malestar o insatisfacción profundas, aunque este sentido genérico incluye también el dolor específico que puede aparecer como consecuencia del desequilibrio puntual de un órgano o función. Todo paciente acude al sanador impulsado por un malestar o dolor, ya sea específico o inespecífico . La función del sanador es la de diagnosticar los síntomas y buscar las causas.

2º. La Verdad de la Causa. El Buda Sakiamuni no fue un sanador corporal, ni emocional, ni mental, a la manera occidental como entendemos la función del doctor, del psicoterapeuta o del psiquiatra. El quiso ir hasta la causa más profunda, hasta la raíz de la enfermedad humana, hasta su origen ontológico más remoto. Es decir, fue un sanador espiritual. Su exposición teórica y su praxis afirman que la causa profunda de toda enfermedad se encuentra en dos actitudes emocionales-mentales extremas. A saber, por una lado, en el deseo y en toda su familia (avidez, ansiedad, avaricia, ambición, apego, etc.) y, por otro, en el odio y en toda su familia (animadversión, rechazo, agresividad, cólera, etc.). Es más, yendo un paso más allá, el Buda enseñó que ambas actitudes extremas son originadas por la ignorancia. En el contexto budista, la ignorancia es la causa última de toda enfermedad y sufrimiento. Siendo así es importante que comprendamos qué entiende el Budismo por ignorancia. En japonés, el término es mumyo y en sánscrito avijja, comúnmente traducidos como “ausencia de claridad mental”. En otras palabras, la ignorancia es un error de percepción, o una percepción errónea de la realidad. Todo organismo vivo necesita una cierta percepción de la realidad, tanto interna como externa, con el fin de poder desarrollar comportamientos adaptados a la misma que le permitan sobrevivir. Los organismos que no pueden adaptarse a la realidad en la que viven terminan por perecer y extinguirse. La capacidad de adaptación está indisolublemente unida a la capacidad cognitiva, es decir, al conocimiento que dicho organismo tiene de la realidad en la que vive. Para el Budismo, el dolor asociado a la enfermedad, a la vejez y a la muerte tiene su causa última en un error cognitivo de la mente humana, la cual no percibe claramente su realidad interna y externa y, por lo tanto, no puede generar comportamientos adaptados a dicha realidad.

¿Cómo se manifiesta este error cognitivo de la mente humana?

En primer lugar, a través del pensamiento dualista. En efecto, el software de la mente humana ordinaria que procesa casi toda la información que nos llega de la realidad a través de los sentidos y a través de las creaciones de la mente misma, obedece a un programa diseñado en base dos, es decir, binario, como los ordenadores: 0-1, bien-mal, yo-tú, cuerpo-mente, material-espiritual, etc. Resultado de esto es una percepción compartimentada, dividida ad infinitum en categorías estancas, generalmente opuestas y/o excluyentes entre sí. Al procesar así la información, la mente humana olvida un aspecto fundamental de la realidad que es la interconexión básica de todos los elementos que la componen. Dicho de otra forma, el error de percepción básico de la mente humana ordinaria viene dado por un exceso de análisis y una carencia de síntesis, es decir, por un exceso de parcelización y una falta de totalidad.

En segundo lugar, a través de la negación de la transitoriedad. La vida no es un estado estático, es un proceso, es decir, cambio, transformación, evolución e involución, condensación, mantenimiento y disolución. La vida humana individual tampoco es un estado inmutable sino un proceso de transformación en el que todo, absolutamente todo en el organismo humano, tanto a nivel corporal como mental, está cambiando continuamente. Es este proceso universal el que ha hecho que una determinada cantidad de energía se condense formando una vida humana, el que permite que esta forma se mantenga durante un tiempo limitado y el que hace que esta forma se disuelva en el océano de la energía universal. La degeneración física y mental y la disolución del organismo individual forma parte del proceso de la Vida. En palabras del Buda: “Todo lo que nace, muere. Todo lo que empieza, acaba”. Así es la realidad. No obstante, la mente humana ordinaria, debido a un error de percepción, ha generado el concepto de perdurabilidad y se aferra a la perpetuación de la forma individual. Este deseo de inmortalidad individual, o lo que es lo mismo, este rechazo de la transitoriedad individual, ambos enraizados en un conocimiento defectuoso (ignorancia) de la realidad, es una patología profunda que impide al organismo desarrollar un comportamiento adaptado a la realidad. Síntoma de lo cual surge el dolor y el sufrimiento, primero mental, después emocional y, por último, corporal. Este dolor, en cualquiera de sus formas, debe ser considerado como manifestación de la falta de adaptación del organismo humano a la realidad, ya sea interna o externa.

En tercer lugar, a través de la negación de la ausencia de yo. La ignorancia, o error de percepción, se manifiesta sobre todo en el concepto de yo creado por la mente humana en el intento de conocerse a sí misma, y en el atávico apego emocional a esa idea. Este es el origen de esa gran neurosis colectiva que llamamos egocentrismo, causa última de tanto dolor y sufrimiento. El concepto de yo es el producto típico de un software programado en sistema binario. Una de las primeras cosas que un humano recién nacido debe aprender por imposición cultural es la diferenciación entre yo y no-yo. Es decir, debe aprender a definir el yo y a partir de ahí, a considerarlo una entidad inmutable, siempre opuesta al no-yo. El niño aprende a desarrollar el “amor propio”, es decir, el apego a su yo y la desconfianza hacia el no-yo. Este mecanismo psíquico que a primera vista parece muy eficaz para sobrevivir, puede convertirse en la principal causa de nuestra aniquilación como especie e incluso de la aniquilación de toda forma de vida en el planeta.

Lo que la realidad nos dice, cuando la percibimos más allá del condicionamiento egocéntrico, es que ningún yo puede sobrevivir sin eso que llamamos no-yo. Es decir, ningún yo tiene autonomía para sobrevivir por sí mismo sin la interconexión estrecha con lo no-yo. Sencillamente la vida del hipotético yo está basada en su relación con lo no-yo. Por lo cual, lo no yo es tan imprescindible para el yo como el yo mismo. Esto quiere decir que, de hecho, no hay separación entre el yo y el no-yo, sino una continuidad que desdibuja todo límite. Cuando una mente humana individual no percibe esto, su existencia es una lucha permanente por la supervivencia, una lucha contra lo Otro. Se trata sencillamente de un error de percepción porque lo Otro es la parte del sí mismo que permanece oculta en la sombra de la ignorancia. La división mental de la realidad en yo y Otro es la principal causa de la ansiedad crónica que padecemos los seres humanos. Ansiedad que, posteriormente, se manifiesta en una amplia gamas de patologías mentales, emocionales y corporales.

3º. La Verdad del estado de Salud. El Buda enseñó que los seres humanos tenemos la capacidad de generar y vivir en un estado de Salud Global. Este estado de salud global es llamado Nirvana en el Budismo. Se trata de un estado de equilibrio, de profunda paz interior, de aceptación total, de satisfacción plena y de capacidad de adaptación. El Buda fue un humanista convencido. Creía por experiencia en la capacidad de la naturaleza humana de corregir el error de percepción que se haya en la raíz del sufrimiento y, por lo tanto, en la capacidad de experimentar un estado de dicha, originado por la plena aceptación y adaptación del organismo humano a su realidad. El camino hacia la Salud comienza con el reconocimiento de la enfermedad, con el descubrimiento de sus causas y con la confianza en que el restablecimiento del equilibrio es posible. Después, y quizá lo más importante, hay que seguir un tratamiento.

4º. La Verdad del Tratamiento. El tratamiento propuesto por el Buda no va dirigido solamente a la disolución de los síntomas (dolor, sufrimiento, enfermedad, desequilibrio) sino a la disolución de las causas profundas, a saber, el error de percepción (ignorancia) que impide a los organismos humanos adaptarse perfectamente a la realidad y vivir en ella en un equilibrio dinámico. Este tratamiento abarca los tres aspectos fundamentales de la actividad humana, a saber: mente, palabra, cuerpo. Tradicionalmente el tratamiento budista reviste ocho campos de acción:

  1. Visión correcta.

En primer lugar, la mente humana debe corregir los errores de percepción (o de procesamiento de la información, en lenguaje cibernético) a fin de que la representación mental subjetiva coincida perfectamente con la realidad objetiva. Esta corrección tiene lugar mediante una reflexión adecuada sobre el verdadero carácter de la realidad y pone en funcionamiento la capacidad autorreflexiva y autocorrectora de la mente. Por ejemplo, frente a la ilusión de la imortalidad y de la permanencia individual, la mente debe aceptar la propia mortalidad y la impermanencia de toda forma como realidad evidente con la que el organismo humano debe vivir en armonía. Otro ejemplo, frente a apego terco al yo y a lo mío, la mente debe ver y aceptar la interrelación y la interdependencia básica que une a todos los seres vivientes. Si no se corrige la visión errónea que se haya en el origen del desequilibrio, aunque eventualmente se consiga camuflar o esconder los síntomas, el desequilibrio brotará de nuevo en una u otra forma.

  1. Intención correcta.

La intención correcta hace referencia al propósito de y en la vida. El ser humano necesita comprender el propósito de la Vida con el fin de ajustar su intención individual a dicho propósito. El sentido del propósito de la vida universal y de la vida individual es una fuerza unificadora que actúa como eje central y principio rector de todas las funciones, tanto a nivel subatómico, como celular, emocional, mental y espiritual. La pérdida del propósito individual, por el contrario, actúa como una fuerza disgregadora que convierte en caótico el funcionamiento del organismo humano, desordenando lo que la intención correcta ordena. Podemos afirmar que muchas de las patologías extendidas entre gran número de habitantes de las grandes ciudades tienen su origen en una pérdida del sentido de la propia existencia individual, y de la desconexión de ésta con la vida cósmica. La intención correcta sólo puede surgir de la visión correcta. Por ello, si la percepción de la realidad no es correcta, la intención individual no puede adaptarse al propósito universal y fruto de ello es el desequilibrio, la enfermedad y el dolor

  1. Palabra correcta.

La palabra es la expresión verbal de la intención. La palabra tiene el poder de matar o de dar vida, de herir o de sanar, de hacer daño o de curar el dolor. Los chamanes, los sanadores más antiguos de la humanidad, utilizan la vibración sonora como vehículo de su intención sanadora. La palabra correcta es aquella que crea orden y percepción clara en la mente, tanto del que la emite como del que la recibe. La palabra expresa la propia visión e intención y, a la inversa, a través de las palabras podemos transformar nuestra visión e intención, así como las de los demás.

  1. Conducta correcta.

La conducta es la expresión corporal de la visión y de la intención. Todo comportamiento presupone una determinada visión de sí mismo y de la vida. Detrás de los hábitos nocivos, origen de enfermedades, se haya una percepción errónea de la realidad y una incapacidad de adaptarse a ella. En Occidente, la psicología conductista sigue predominando pero, demasiado a menudo, esta escuela olvida que detrás de cada conducta hay una visión y que es imposible transformar la conducta si no se transforma la visión.

  1. Medio de vida correcto.

El modo de vida (la manera como procuramos nuestro sustento) manifiesta nuestra relación tanto con el ecosistema como con el sistema socio-cultural en los que vivimos. A su vez, esta relación es la manifestación de nuestra visión de la realidad. El hecho actual es que, debido a un error de percepción, la cultura humana se ha separado y está en lucha con el ecosistema original del que ha surgido y que la sustenta. Esta disociación entre cultura y naturaleza desgarra el interior de los individuos humanos, quienes necesitan insertarse en el sistema cultural y al mismo tiempo necesitan mantener una relación correcta con el medio natural del que surgen los nutrientes básicos de su vida. Esta disociación es la causa de la crisis ecológica global y al mismo tiempo de muchos disfuncionamientos biológicos, emocionales y mentales en el interior de cada individuo. Por lo cual, restablecer un medio de subsistencia justo que permita al individuo insertarse felizmente tanto en el sistema socio-cultural como en el ecosistema es fundamental para acabar con muchas enfermedades del mundo “civilizado”-

  1. Esfuerzo correcto.

En todo proceso de sanación la voluntad de sanar, así como la perseverancia en el tratamiento, son fundamentales para concluir dicho proceso con éxito. Muchos tratamientos fracasan no porque sean ineficaces, sino porque el paciente carece de la voluntad necesaria de sanar, debido principalmente a causas emocionales que le han hecho perder la conexión con el propósito de su vida. El paciente no puede ser un mero sujeto pasivo del tratamiento. No puede dejar la responsabilidad de su sanación en manos de los “especialistas” ni en la tecnología, ni en los gurús, ni en el maestro espiritual.

  1. Atención correcta.

Como ya hemos dicho, el Zen concibe la ignorancia como un “error de percepción”. En la base de este error se encuentra una atención incorrecta. Dado que el desarrollo consciente de la atención es el pilar básico de la práctica meditativa Zen, dedicaremos una sección a este tema un poco más adelante.

  1. Meditación correcta.

La meditación en zazen es el “laboratorio” que reúne las condiciones adecuadas para cultivar la atención consciente y, por ende, corregir los errores de percepción que constituyen la causa profunda de todos los desarreglos y desequilibrios. También dedicaremos varias secciones al tema de la meditación zen.

Resumiendo todo lo anterior podemos decir que el ser humano es básicamente un ser consciente. Para el ser humano, la realidad es sobre todo la conciencia que él tiene de la realidad. De la misma forma, un ser humano es sobre todo la consciencia que tiene de sí mismo. Esta consciencia humana es el producto final de un complejo proceso o conjunto de procesos entre los que podemos destacar los procesos biológico, emocional, mental (conceptual) y espiritual. Cuando la consciencia que el ser humano tiene de la realidad no concuerda con lo que la realidad es en sí hablamos de “error de percepción” o ignorancia. Esta consciencia ilusoria impide a la vida humana adaptarse adecuadamente a la realidad en la que vive, generando problemas de adaptación (comportamientos erróneos) que adoptan formas de conflictos, desequilibrios y enfermedades, cuyo resultado último es el dolor y el sufrimiento. En la base del error de percepción se haya una atención incorrecta. Por lo cual, corregir el error de percepción mediante un cultivo sistemático de la atención constituye la base última de todo proceso sanador que quiera llegar hasta las causas profundas, sin olvidar el tratamiento de los síntomas.

Importancia de la atención.

Como ya se ha dicho, la consciencia es el producto final de un largo proceso cognitivo. En este proceso podemos distinguir tres fases:

  1. Captación, vehiculación y recepción de la información. La información procedente del medio ambiente, y del medio interno, es captada por los órganos sensoriales y vehiculada a través del sistema nerviosos hasta las zonas del cerebro dotadas de receptores específicos.

  2. Procesamiento de la información. El cerebro procesa la información y genera la “imagen” o consciencia de la realidad.

  3. Respuesta adaptativa (respuesta conductual). En el lóbulo frontal de la corteza cerebral, centro de decisión consciente, surgen la orden que al ser vehículada por el sistema nervioso llega hasta las zonas motoras generando una conducta supuestamente adaptada a la realidad percibida.

En las tres fases la función de la atención es fundamental, ya que el error de percepción puede darse en una o varias de estas fases del proceso cognitivo:

  1. Si los órganos y las conciencias sensoriales no están lo suficientemente despiertos la calidad de los estímulos percibidos es pobre. Si los canales nerviosos no se encuentran en buen estado de conductibilidad se producen muchas interferencias. Si las zonas del cerebro dotadas de receptores específicos no están lo suficientemente alertas se produce una recepción insuficiente.

  2. Si la asociación de los nuevos estímulos registrados no es adecuadamente asociada con la información almacenada en la memoria, o si la memoria no cuenta con informaciones parecidas a los nuevos estímulos, el procesamiento de la información (la imagen resultante) resulta defectuoso.

  3. Si la imagen es defectuosa la respuesta motora (la reacción conductual) también lo será produciéndose un comportamiento inadecuado, es decir inadaptado.

La atención es una condición sine qua non de la consciencia y un sistema de seguridad que opera sobre y trata de corregir el funcionamiento del sistema nervioso en su tarea de conocer la realidad y de adaptarse a ella.

La enfermedad, considerada en un sentido genérico, y toda la secuela de dolor y sufrimiento que conlleva, puede ser pues considerada como un error de adaptación homeostática tanto al medio externo (realidad objetiva) como al interno (realidad dubjetiva).

Este error de adaptación tiene como causa un error de percepción (de captación, de transmisión, de recepción, de procesamiento o de reacción). Este error de percepción tiene su causa en un funcionamiento incorrecto de la atención. Por lo cual, restablecer el funcionamiento correcto de la atención constituye un tratamiento necesario para algunas enfermedades.

· El cultivo de la Atención Pura.

El Sattipatana sutta (El sutra de los Fundamentos de la Atención) recoge las enseñanzas del Buda Sakiamuni sobre el cultivo de la atención. En él se nos dice que nuestra atención debe estar enfocada en cuatro aspectos de nuestro ser:

  1. Actividad corporal (con especial hincapié en la respiración).
  2. Actividad sensorial.
  3. Actividad emocional.
  4. Actividad mental (conceptual).

O en otras palabras:

  1. La captación de estímulos sensoriales.

  2. La transmisión de estos estímulos hasta el cerebro.

  3. El procesamiento de esa información (tanto el proceso como la imagen resultante) y

  4. La respuesta motora.

· El cultivo de la atención durante la práctica de la meditación Zen.

Hemos visto que la atención puede ser desarrollada enfocándola sobre cuatro aspectos: corporal, sensorial, emocional y mental.

Las cuatro aptitudes básicas del cuerpo son: caminar, sentarse o estar sentado, estar de pie, estar acostado o acostarse. El Zen enseña cómo desarrollar la atención en estas cuatro aptitudes pero, fundamentalmente, las condiciones más propicias se dan en la postura sentada. Por ello, la meditación Zen tiene lugar básicamente, aunque no exclusivamente, en la postura sedente llamada del loto o del medio loto. ¿Por qué? De lo que se trata es de desarrollar un nivel óptimo de atención que sea normalmente sostenible. La postura sedente de zazen es la que permite mayor nivel de atención y mayor estabilidad (sostenibilidad). La postura de pie, por ejemplo, permite un mayor nivel de atención pero una estabilidad menor (mayor nivel de atención pero un lapsus de tiempo más corto). La postura acostada permite una mayor estabilidad pero un nivel de atención bajo. La relación más óptima entre estabilidad-alerta se da en la postura sedente.

Para que esta estabilidad se produzca es imprescindible que la postura corporal esté bien equilibrada. Durante zazen, las nalgas están apoyadas sobre un cojín y las rodillas firmemente estabilizadas sobre el suelo, formando una sólida base triangular.

A partir de esta base, el tronco se endereza y la columna vertebral permanece bien erguida, facilitando una perfecta conductibilidad de los impulsos nerviosos desde las terminaciones nerviosas, a través de la médula espinal, hasta el cerebro. Para ello, es importante que la nuca esté bien recta, lo cual se consigue fortaleciendo, mediante el entrenamiento, los músculos del cuello.

A nivel de la quinta vértebra lumbar debe producirse naturalmente la curvatura lumbar que permite que todos los órganos internos permanezcan libres de opresiones. Especialmente relajamos el bajo vientre, esta zona que los japoneses llaman kikai-tandem (océano de energía). El kikai-tandem se sitúa aproximadamente cuatro dedos por debajo del ombligo. Esta zona, como veremos a continuación, es muy importante para el desarrollo correcto de la atención.

Según Arthur C. Guyton : “Se han encontrado en el sistema nervioso dos senderos oscilatorios que, al ser estimulados, pueden causar la atención. Ambos senderos pasan a través del centro simpático en el hipotálamo, por cuya razón esta área se denomina a menudo centro de la atención. En uno de los ciclos oscilatorios las señales pasan del centro de la atención al tálamo anterior, siendo luego transmitidas en todas direcciones dentro del córtex cerebral. Las áreas corticales, a su vez, retransmiten nuevamente los impulsos hacia el centro de la atención, reexcitándolo y produciendo todavía más impulsos para estimular el córtex. Esta secuencia de transmisión se produce una y otra vez, creando un ciclo oscilatorio que viene ilustrado como “ciclo oscilatorio 1″

El segundo ciclo oscilatorio que puede causar la atención es el siguiente: desde el centro de la atención se transmiten señales hacia la formación bulboreticular del tronco cerebral, lo cual aumenta el tono muscular en todo el cuerpo. La tensión de los músculos, a su vez, estimula los propioceptores y otras terminaciones de los nervios sensorios a lo largo de todo el cuerpo, que ocasionan señales sensorias que son retransmitidas a lo largo de la médula hasta el tálamo y, finalmente, al centro de la atención. De este modo se establece un segundo ciclo oscilatorio: el centro de la atención excita los músculos, y las sensaciones corporales reexcitan a su vez el centro de la atención” ( Extraído de la obra “Zazen”, de Katsuki Sekida. Editorial Kairós. Barcelona 1990)

Siguiendo un circuito de feek-back, el tálamo estimula el córtex y la formación bolboreticular (FBR). Por su parte, el córtex estimula también la FBR. Esta hace que el tono muscular aumente. Esta estimulación del tono muscular estimula los propioceptores, los cuales envían las señales al tálamo.

Tradicionalmente los maestros zen han enseñado a generar el estado de alerta mediante la tonificación del tono muscular. Especialmente importante en la práctica de la meditación zen es la relación entre el kikaitandem y la nuca. La enseñanza del Zen recomienda a los meditadores practicar una espiración larga y profunda que estimule y tonifique los músculos abdominales, especialmente los del bajo vientre. Al mismo tiempo se enseña a mantener el cuello y la nuca bien rectos y a conectar conscientemente ambas zonas (nuca y bajo vientre). De entre toda la masa muscular, la que más directamente incide sobre el estado de alerta de la FBR es la que se encuentra en el bajo vientre. La experiencia de los meditadores corrobora que esta conexión nerviosa produce un estado sostenido de atención lúcida. Este estado de atención lúcida es generado por la respiración propia de la meditación Zen, basada en una espiración abdominal larga y profunda.

El estado de atención lúcida tiene un rol decisivo en el proceso cognitivo, como ya se ha dicho. Su influencia puede ser observada en las tres fases de todo proceso cognitivo, anteriormente citadas, a saber:

  1. En la captación, transmisión y recepción de los estímulos.

a) Captación. Una atención lúcida hace que el umbral de conciencia se expanda considerablemente, permitiendo la captación de señales que en el caso de una atención débil pasarían desapercibidas. Muchos disfuncionamientos corporales emiten inicialmente señales de dolor o de malestar que pueden ser débiles. En una conciencia no alerta estas señales pasarán desapercibidas, pero una conciencia alerta captará inmediatamente la señal. Muchas veces los pacientes acuden al doctor cuando el dolor es muy intenso y ha alcanzado el umbral de conciencia incluso en condiciones de atención débil. En estos casos la enfermedad suele encontrarse ya en estado muy avanzado y la curación se vuelve más problemática. Por el contrario, un sistema nervioso dotado de un nivel de atención alto captará inmediatamente cualquier señal de disfuncionamiento y actuará en consecuencia.

b) Transmisión. La calidad de la transmisión de las señales nerviosas depende de la “limpieza” y de la conductibilidad de los canales nerviosos. Dejando de lado las lesiones físicas o hereditarias, los canales nerviosos pueden dejar de transmitir adecuadamente las señales nerviosas debido a bloqueos u “opacidades” provocadas por determinadas actitudes emocionales y mentales. El dicho “Sólo ves lo que quieres ver” es una expresión de esto. Actitudes emocionales de rechazo, de negación o de indiferencia hacia estímulos concretos bloquean la transmisión de estas señales hacia el cerebro. El estado de atención lúcida viene caracterizado por un estado emocional llamado ecuanimidad. Esto quiere decir que, en un estado de ecuanimidad, los impulsos nerviosos captados por los sentidos son transmitidos adecuadamente hacia el cerebro sin interferencia y sin bloqueos. Como se dice en el Zen: “Nos guste o no nos guste, las cosas son como son”.

c) Recepción. Para la creación de una imagen correcta de la realidad es importante que las señales lleguen hasta el tálamo y de aquí al sistema límbico, al hipotálamo, a la FBR y al córtex, según corresponda. Pero las señales no sólo deben llegar a sus respectivas áreas cerebrales, sino que, y sobre todo, es importante que estas zonas sean capaces de recibir dichas señales. Para ello, es fundamental que las zonas cerebrales implicadas estén “despiertas”. Si no están despiertas, las señales no serán recibidas. Si sólo están medio despiertas, las señales serán recibidas a medias. ¿Cómo tiene lugar el despertar de las zonas cerebrales? De la siguiente forma: cuando las señales llegan hasta el tálamo, éste realiza dos funciones: 1ª. Envía la señal a la zona cerebral correspondiente y 2ª envía una señal de alerta al centro de atención el cual se encarga de despertar a la zona cerebral específica que debe recibir las señales enviadas por el tálamo. Este centro de la atención, como hemos visto, es directamente estimulado también por la FBR, la cual, a su vez, puede ser estimulada por el tono muscular, en concreto y principalmente por los músculos abdominales del kikaitandem. Finalmente, a través de la tonificación correcta del kikaitandem mediante una espiración larga y profunda podemos mantener conscientemente despiertas amplias zonas del cerebro, lo cual facilita una recepción adecuada de las señales nerviosas.

  1. En el procesamiento de la información.

Por muy adecuadamente que una señal haya sido recibida, carece de valor si no es adecuadamente procesada. Este procesamiento hace referencia a las funciones de identificación, comparación, asociación, clasificación, etc. Todas estas funciones están basadas en y se apoyan en la memoria. Cuanta más memoria accesible tenga el cerebro, mayor será su capacidad de procesar una señal dada. La accesibilidad a la memoria es pues fundamental. Usando el lenguaje informático, podríamos decir que el cerebro cuenta con, al menos, dos tipos de memoria: la memoria RAM y la del disco duro. En el ser humano, la memoria RAM correspondería a la memoria accesible para el lóbulo frontal, sede de la conciencia del yo, del control voluntario y de la capacidad de tomar decisiones. La memoria del disco duro sería la memoria contenida en la totalidad del cerebro, del sistema nervioso en su conjunto, en el organismo en su totalidad, en cada célula, en el código genético. En resumen sería la memoria filogenética y ontogenética. Usualmente, el lóbulo frontal no tiene acceso a este segundo tipo de memoria. Para él, ésta es una memoria inconsciente. Debido a ello, su capacidad de procesar adecuadamente las señales es limitada. Como consecuencia, la imagen de la realidad que el lóbulo frontal crea también es limitada. Como consecuencia de ello, su decisión puede ser “torpe” impidiendo una respuesta adaptativa adecuada. Esta es la situación de gran parte de los seres humanos que viven en las grandes ciudades del llamado mundo desarrollado. Esta situación tiene como base una falta de comunicación entre los tres cerebros que conforman el cerebro humano: el primitivo, el paleo-córtex y el córtex (y especialmente, dentro del córtex, el lóbulo frontal). El cerebro primitivo o reptil, el paleo-córtex y gran parte del córtex están íntimamente relacionados con la memoria del disco duro humano, mientras que el lóbulo frontal es el que gestiona la memoria RAM. Los contenidos de la memoria RAM son seleccionados por la conciencia del yo, la cual, a su vez, está condicionada por el sistema socio-cultural. En las sociedades en las que la cultura humana se “ha separado” de la naturaleza, la memoria del lóbulo frontal está (parcialmente) “desconectada” de la memoria profunda gestionada por el cerebro primitivo, por el paleo-córtex y por gran parte de la corteza cerebral. Teniendo en cuenta que el sistema nervioso voluntario está controlado por el lóbulo frontal y el sistema nervioso central por el cerebro primitivo y por el paleo-córtex, podemos decir que muchas de las enfermedades del mundo moderno tienen su origen en la falta de comunicación entre estos tres cerebros. Esto quiere decir que la información no fluye libremente de unos a otros y que sus respectivas memorias no son adecuadamente permeables entre ellas.

Para procesar adecuadamente las señales, el lóbulo frontal debería tener libre acceso y ser permeable a la memoria del disco duro humano, incluyendo la memoria contenida en el código genético. Esto significa que el lóbulo frontal debe ampliar su umbral o su capacidad de memoria.

Y bien, el cultivo permanente de la atención lúcida permite esta ampliación. La práctica de la meditación zen, como veremos más adelante, facilita el acceso a la memoria inconsciente, actualizando un poder de procesamiento insospechado.

  1. En la respuesta adaptativa.

Si la imagen de la realidad creada por el lóbulo frontal es correcta, su orden de acción también lo será y, si no hay ninguna lesión emocional, del aparato motor o de otro tipo, la acción motora responderá perfectamente al estímulo. No obstante, en el caso humano volvemos a encontrarnos con el conflicto cultura-naturaleza que ya hemos visto varias veces en este artículo. El ser humano es un ente biológico inmerso en un ecosistema del que depende para sobrevivir biológicamente y, al mismo tiempo, es un ente social inmerso en un sistema socio-cultural de que también depende para sobrevivir. El hecho es que, principalmente en las sociedades llamadas desarrolladas, el conflicto y la separación entre cultura y naturaleza es dramático. El sistema nervioso humano se enfrenta a un grave dilema: ¿A qué adaptarse, al ecosistema o al sistema socio-cultural? Siendo como somos entes sociales no podemos vivir apartados del sistema socia-cultural, pero al mismo tiempo, siendo como somos seres biológicos no podemos negar nuestra necesidad imperiosa de adaptarnos convenientemente al ecosistema que sustenta nuestra vida. Podemos decir, que mayormente, los ciudadanos del mundo “civilizado” anteponen su adaptación al sistema socio-cultural incluso si dicha adaptación genera la muerte del ser biológico. Este sobresfuerzo de adaptación a un sistema socio-cultural que trata de ignorar la realidad biológica es la causa de muchas enfermedades y muertes en el mundo desarrollado (infartos, estrés, adiciones mortales, insomnio, cánceres, desequilibrios emocionales y psicológicos, etc.) La enfermedad el individuo no puede ser estudiada, ni concebida ni curada sin tener en cuenta la enfermedad del sistema socio-cultural en el que vive.

Aquí también la práctica de la atención lúcida juega un papel crucial. Al aumentar el umbral de atención (y por lo tanto de conciencia, y por lo tanto de poder de decisión, y por lo tanto de respuesta) el individuo tiene acceso a un volumen mayor de memoria biológica y, por ello, esta memoria adquiere mayor importancia a la hora de tomar decisiones y de ordenar respuestas realmente adaptadas no solo al sistema socio-cultural, sino también a su realidad biológica.

· Efectos objetivos de la meditación Zen.

Tenemos que insistir en el hecho de que la meditación Zen no es sistema terapéutico, en el sentido habitual de este término. No es una gimnasia física ni mental y su función no es la de curar enfermedades específicas, ni físicas ni psicológicas. La principal función de la práctica de la meditación Zen es la de clarificar la naturaleza de nuestro ser, es decir, ayudarnos a despertar a lo que somos. Si bien la meditación Zen actúa sobre los niveles corporal, emocional y mental (conceptual) su campo de acción específico es el de la conciencia: la conciencia de ser lo que somos, tal y como somos. No obstante, la conciencia no es distinta del cuerpo, ni de la actividad emocional ni de la actividad mental. Por lo cual, cuando se producen cambios importantes en nuestra conciencia de ser, estos cambios de manifiestan inmediatamente en nuestra manera de ser cuerpo, de experimentar las emociones y de pensar y concebir la realidad. Veamos, someramente, algunas de estas manifestaciones:

  1. Lo corporal.

La meditación Zen transforma y mejora radicalmente nuestra imagen corporal interna (y por añadidura, la externa). Esto es debido a la accesibilidad de la conciencia a muchas señales que anteriormente pasaban desapercibidas (funcionamiento de los órganos internos, tono y estado muscular, equilibrio ergonómico, respiración, presión sanguínea, sentido del movimiento, relación con la gravedad terrestre, relación con el espacio, estructura muscular y ósea, etc.) Pareciera que, gracias a una práctica asidua, la meditación Zen nos volviera “transparentes” a nosotros mismos, desde un punto de vista corporal y fisiológico. La conciencia de nuestra fisiología aumenta en profundidad y en calidad. Un dicho Zen del siglo V. lo expresa así: “Hacer zazen con la piel, con la carne, con los huesos, con la médula”. Esto es, tomando conciencia de la piel, de la carne, de los huesos, de la médula, de todo el cuerpo, tanto en su forma externa y su relación con el espacio, como de su funcionamiento interno. Esta auto-conciencia corporal es fundamental a la hora de practicar una medicina preventiva basada en un modo de vida respetuoso con las necesidades corporales (sueño adecuado, alimentación adecuada, actividad física adecuada, posiciones corporales adecuadas, etc.) y al mismo tiempo es la base de un autodiagnóstico continuado que facilita las funciones homeostáticas del cuerpo.

El enderezamiento de la columna vertebral no solamente facilita el control del equilibrio alrededor de un eje vertical, sino que permite también una relajación del conjunto muscular que no es concernida para el mantenimiento de la posición. La musculatura de los hombros, de los brazos, del vientre se encuentra relajada. A parte del efecto benéfico inmediato de esta relajación, esto permite también suprimir las tensiones impuestas a las vísceras y tiene consecuencias sobre el funcionamiento de los aparatos digestivos, urinario y sexual. El enderamiento del cuerpo y la distensión de la parte superior del tronco permiten que los pulmones se hinchen y se llenen de aire de manera óptima, sin que la musculatura respiratoria tenga que hacer un esfuerzo importante.

Sin embargo, la relajación de los músculos implicados en la locomoción y en la vida de relación no implica que el conjunto de los músculos estriados esté relajado. En efecto, el mantenimiento del tronco erguido implica que la musculatura de sostén conserva un tono suficiente, esencialmente a nivel de la musculatura dorsal y, en particular, a nivel de la nuca. Las diversas pruebas de la actividad eléctrica (electromiograma) de estos músculos durante zazen muestran efectivamente que no están en reposo. Sin embargo, el esfuerzo exigido por estos músculos disminuye con la experiencia de meditación puesto que en los sujetos muy entrenados en zazen se constata una actividad muscular más débil que en los principiantes. Esto corresponde, por una parte, a la eliminación de las crispaciones inútiles para mantener la postura y, por otra, a un aprendizaje del equilibrio del armazón óseo que tiene como consecuencia una disminución del esfuerzo de la musculatura de sostén.

No obstante esto, el equilibrio de la postura, la relajación muscular y el mantenimiento del tono antigravedad durante zazen no constituyen un fin en sí mismos. La meta de la meditación Zen no es la de mantener una postura sedente, simple y rigurosa. Para los maestros Zen, el cuerpo y la mente son no-dos. La actitud del cuerpo y la actitud del espíritu están interrelacionadas. Diferentes actitudes corporales corresponden a diferentes estados de espíritu, de la misma manera que tal o cual sentimiento se expresa de tal o cual forma en el cuerpo. El Zen enseña que existe un vaivén entre la postura corporal y los contenidos psicológicos. Esta afirmación se ha visto corroborada por el siguiente experimento: se han registrado los movimientos del centro de gravedad en tres grupos de sujetos sentados en zazen. Se ha constatado que el desplazamiento del centro de gravedad es amplio en los neuróticos, mediano en los sujetos normales y débil en los sujetos experimentados en zazen. Si se compara los sujetos neuróticos con los sujetos normales, aparece una relación entre el desequilibrio psicológico y la estabilidad corporal. Si se lleva más lejos este razonamiento es posible decir que los sujetos experimentados, más estables en su postura, son igualmente más estables psicológicamente. No obstante, en todo rigor, esta observación requiere ser completada con test psicológicos.

Una serie de experimentos han sido realizados con el fin de estudiar la estabilidad de las diferentes posturas sedentes o de rodilla, modificando distintos detalles tales como posición de manos, de brazos, de la cabeza, sin cojín, etc. La conclusión fue que la postura de zazen, especialmente el loto completo, es la posición más estable.

  1. La respiración.

Dentro de la conciencia corporal reviste especial importancia la conciencia de la respiración que genera la práctica de la meditación Zen. De hecho, la concentración sobre la respiración es la puerta principal por la que los meditadores entramos en el estado de meditación o atención lúcida. Ya hemos visto la estrecha relación que existe entre respiración, kikaitandem, formación bulboreticular y alerta general del cerebro. En el Zen se dice que la respiración es el nexo de unión entre lo material (visible) y lo espiritual (invisible).

Durante la meditación Zen, la conciencia de la respiración aumenta considerablemente haciéndonos ver la función fundamental de la respiración en el estado general del cuerpo y de nuestro ser en su totalidad. Los estudios de los prof. Yuhiro Ikemi y Y. Sugi, de la Universidad de Tokyo, entre otros, (2) ponen de relieve los profundos procesos metabólicos que tienen lugar en el organismo gracias a la respiración practicada durante la meditación Zen. El modo de respiración practicado durante zazen, caracterizado por una espiración larga y profunda, permite eliminar el aire residual que constituye normalmente 1/3 de la capacidad pulmonar y que está compuesto por gas viciado inútil para la oxigenación.

En esta figura, hacia el fondo, hallamos una línea al nivel aproximado de los 1.200 mls., que corresponden al llamado volumen residual de los pulmones. Esto significa que aunque todos los músculos espiratorios se hallen totalmente contraídos, quedan todavía 1.200 mls. De aire, los cuales no pueden ser expelidos, puesto que ninguna cantidad de contracción muscular puede deshinchar totalmente todos los alvéolos y pasos respiratorios. La curva ondulada de esta figura, entre lo sniveles de 2.300 y 2.800 mililitros, representa la respiración normal. El volumen del pulmón aumenta de 2.300 a 2.800 mililitros al realizar la inspiración y disminuye nuevamente a 2.300 mililitros durante la espiración. La inhalación y exhalación de aire en cada respiración constituyen el llamado volumen central y, como veremos, es de unos 500 mililitros aproximadamente.

Cuando ningún músculo respiratorio se halla contraído, los pulmones contienen más o menos unos 2.300 mls. De aire. Este es el contenido de los pulmones en condiciones pasivas. La respiración tranquila normal la realiza casi enteramente los músculos inspiratorios, y por eso el volumen pasivo es igual al volumen de los pulmones al final de una espiración normal. Llamaremos a la línea horizontal, al nivel de los 2.300 mls., horizonte respiratorio.

Cuando, al final de una espiración normal, contraemos todos los músculos espiratorios lo más fuertemente posible, se pueden sacar todavía de los pulmones aproximadamente unos 1.100 mls adicionales de aire. A este aire extra se le conoce como volumen espiratorio de reserva.

La línea curva y continua muestra las sucesivas inhalaciones y exhalaciones durante zazen. La exhalación profunda, en la que se expele todo o casi todo el volumen de reserva, va seguida por un número de ciclos de respiración normal.

(Extraído de la obra “Zazen”, de Katsuki Sekida. Editorial Kairós. Barcelona 1992)

Al mismo tiempo, durante zazen se produce un menor consumo de oxígeno y una posibilidad mayor de oxigenación pulmonar. Todo lo cual reduce considerablemente el trabajo respiratorio. De hecho, el registro del ritmo respiratorio durante zazen muestra una considerable disminución del ritmo y un aumento de la amplitud. Al mismo tiempo, el análisis del consumo de oxígeno muestra que éste disminuye notablemente. Dado que el oxígeno es el carburante orgánico parece ser que el consumo de energía durante zazen es muy reducido. Se ha constatado también que, de manera extraña, el metabolismo durante zazen es inferior al del sueño. Se puede considerar pues que el reposo orgánico (sistema nervioso central) alcanzado durante zazen es más profundo que el alcanzado durante el sueño. Se puede imaginar fácilmente las profundas consecuencias que esto tiene sobre la salud, entre ellas un importante equilibrio entre los sistemas nerviosos simpáticos y parasimpáticos. El reposo orgánico tiene además como consecuencia una reducción de la producción de desechos, no obstante los órganos implicados (riñones, hígado, piel, pulmones) continúan asegurando su función de purificación. Zazen genera una profunda limpieza fisiológica. Esto es fácilmente observable en los rostros de las personas que acuden a un retiro intensivo de meditación zen: al cabo de dos días de práctica asidua los rostros se vuelven mucho más abiertos, la piel más limpia, clara y brillante. Según nuestros conocimientos se han realizado pocos experimentos científicos en este campo. Los análisis bioquímicos a personas experimentadas en meditación Zen son escasos. Una observación importante ha sido, sin embargo, realizada en referencia a la presencia de ácido láctico en la sangre. Se sabe que el ácido láctico es un desecho resultante de la combustión de la glucosa a nivel muscular. Se ha constatado que la presencia de ácido láctico después de zazen es mucho más débil que normalmente. Este resultado puede ser comparado con la observación de una tasa de ácido láctico a menudo superior a la normal en los depresivos y en los individuos patológicamente ansiosos. La disminución de ácido láctico podría ser una de las causas del bienestar y del sentimiento de optimismo a menudo experimentado después de zazen.

  1. La actividad sensorial.

Las conciencias sensoriales se vuelven especialmente nítidas y agudas gracias a la práctica de la meditación zen. Al mismo tiempo se produce una regulación de la intensidad entre los distintos sentidos. Por ejemplo, la actividad visual pierde parte de su extrema importancia. La mirada se vuelve más flexible y suave, relajándose la tensión ocular que caracteriza a los seres humanos que viven en medios visualmente saturados. La mirada pierde fijeza y rigidez y gana en amplitud y profundidad de campo. Podemos decir que la meditación zen facilita una redefinición visual de la realidad. Por otra parte, otros sentidos más atrofiados en los seres humanos, como el olfato y el oído, aumentan su campo y la definición de los estímulos asociados. Especialmente agudo se vuelve el sentido de la audición. Muchos estímulos auditivos que comunmente no alcanzan el umbral de conciencia en la vida cotidiana, son percibidos claramente durante y después de la meditación zen. Lo mismo sucede con las sensaciones corporales (sinestésicas). Debido a esto, el practicante asiduo de zazen desarrolla una aguda conciencia corporal que le permite localizar posibles desequilibrios cuando aún se encuentran en su fase inicial.

La meditación zen, a diferencia de otras meditaciones, no provoca desconexión sensorial completa. El practicante debe permanecer en todo momento consciente de su actividad sensorial, aunque su punto de observación debe hallarse en un plano suprasensorial. Esta actitud permite al practicante dos cosas: por un lado desarrollar ecuanimidad con respecto a las sensaciones y, por otra, permanece continuamente atento a las mismas. Esto quedó demostrado en el siguiente experimento llevado a cabo en la Universidad de Komazawa (Japón): Se pidió a un yogui hindú y a un maestro zen que entraran, por separado, en los estados de meditación habituales para ellos. Previamente se le había colocado electrodos en la cabeza que permitieran registrar sus encefalogramas. Al cabo de cierto tiempo, cuando ambos meditadores se hallaban en su estado de meditación habitual y su encefalograma comenzaba a registrar ondas theta, se hizo sonar una campana cerca de sus oídos. La respuesta del yogi vino dada por una reacción lenta, registrada como ondas beta, y un retorno también lento al estado theta. Por el contrario, la respuesta del maestro zen fue inmediata, aparición inmediata de ondas beta, y su retorno al estado de meditación profunda (theta) fue también mucho más rápido que el del yogi. Este simple experimento conlleva profundas implicaciones filosóficas, religiosas y morales. En efecto, podemos sintetizar las dos actitudes básicas que los diferentes sistemas religiosos y filosóficos tienen hacia el mundo sensorial de la siguiente manera:

  • La verdad se halla más allá de los sentidos (espiritualismo, idealismo),

  • La verdad se halla exclusivamente en los sentidos (materialismo, positivismo).

La primera visión insta a los seres humanos a ir más allá de los sentidos, estimulando el abandono del mundo sensorial y, por lo tanto, de los estímulos sensoriales.

La segunda ciñe la actividad de la mente humana a la esfera sensorial, limitando o minimizando la exploración de lo suprasensorial.

El Zen enseña el camino medio: ni exclusivamente sensorial, ni exclusivamente suprasensorial. Ni sometimiento a la esclavitud de los sentidos ni negación de la realidad sensorial.

  1. La actividad emocional.

El principal aporte de la meditación zen al equilibrio emocional viene dado por el estado de ecuanimidad emocional que genera. Este hecho tiene profundas repercusiones en el proceso de captación, transmisión, recepción y procesamiento de las señales. La actividad emocional básica de cualquier ser humano oscila entre tres actitudes: 1ª. Apego-deseo. 2ª Adversión-rechazo. 3ª Indiferencia. Ante un estímulo dado, la mente humana reacciona de una de estas tres maneras. Cuando esta reacción es automática e inconsciente, la apreciación del estímulo se produce teñido de la reacción emocional desencadenada. Este hecho imposibilita una correcta captación, transmisión y procesamiento de la información. Un ejemplo: un hombre vuelve de noche a su casa en un estado de embriaguez. Al cruzar el jardín ve una serpiente. Inmediatamente, sin reflexión previa, coge un palo y golpea la serpiente hasta dejarla muerta. A la mañana siguiente, recuperada la sobriedad, se dirige al jardín y se encuentra con la manguera de riego rota. ¡Había confundido la manguera con una serpiente! La visión de una serpiente despierta una fuerte reacción emocional de rechazo en muchas personas. En el caso de nuestra historia, esta adversión fue un obstáculo a la hora de captar, transmitir y procesar correctamente el estímulo visual. El estado de ecuanimidad emocional es una garantía de autenticidad del correcto funcionamiento de la actividad perceptual. Ecuanimidad quiere decir que el cerebro va a procesar la información sin verse mediatizado ni por la atracción, ni por el rechazo ni por la indiferencia.

Algunas personas confunden el estado de ecuanimidad emocional con el de indiferencia cuando, en realidad, se tratan de dos actitudes completamente distintas. La indiferencia impide una captación clara del estímulo ya que, al haber sido clasificado de “poco importante”, la atención no es enfocada sobre él. Por lo tanto, tampoco hay reacción. Lo indiferente no nos hace reaccionar. Por el contrario, la ecuanimidad no es ausencia de reacción. Lo que la ecuanimidad hace es impedir una reacción apresurada, automática y ciega. La ecuanimidad proporciona al sistema nervioso un mecanismo de verificación y un sistema de autorregulación que impide respuestas extremas y poco adaptadas a la realidad. Este estado de ecuanimidad generado por la meditación zen no es de ninguna manera una falta de actividad emocional sino un estado de equilibrio entre los dos polos opuestos de toda actividad emocional. Durante zazen, un practicante avanzado puede estar experimentando emociones profundamente subjetivas y, al mismo tiempo, puede encontrarse en un estado de contemplación objetiva de esas mismas emociones, estado caracterizado por la ecuanimidad. Es a esto a lo que muchos psicólogos y antropólogos llaman “conciencia dialógica”.

  1. La actividad mental.

Zazen no es una meditación discursiva. No se trata de pensar sobre algo. Su objetivo tampoco es dejar de pensar. En lenguaje zen se dice: “Pensar sin pensar. No pensar pensando. Pensar desde el fondo del no-pensamiento”. Veamos de qué se trata esta especie de trabalenguas.

El pensamiento discursivo consciente es el producto final de un largo y complejo proceso cognitivo que culmina en la actividad del lóbulo frontal (centro de control y decisión consciente que regula el sistema nervioso voluntario). Como hemos visto, el sistema nervioso voluntario se encuentra hiperestimulado en la mayor parte de los habitantes de las sociedades post-modernas, en detrimento del sistema nervioso autónomo. Esta hiperestimulación del SNV se manifiesta en una hiperactividad mental consciente, es decir, por un exceso de pensamientos generados por el lóbulo frontal. En los registros de electroencefalogramas, esta actividad mental adopta la forma de ondas beta. Debido a ello, muchos contemporáneos desean liberarse de la tensión mental producida por un exceso de pensamientos conscientes. La meditación zen relaja la actividad del lóbulo frontal y estimula la del tálamo, hipotálamo, y demás zonas del llamado cerebro primitivo, el cual, básicamente regula la actividad del sistema nervioso autónomo y a través de él la actividad biológica inconsciente. En la medida en la que esto se va produciendo, el electroencefalograma indica la presencia de ondas alfas y theta en el cerebro. Las ondas alfas son emitidas por practicantes experimentado de meditación zen unos diez minutos después del comienzo de la sesión. A los treinta minutos, el registro cerebral de ondas theta indica objetivamente que el practicante ha alcanzado un estado profundo de meditación, comparado a una “ensoñación consciente” Los viejos maestros consiguen permanecer en el límite entre las ondas theta (ensoñación consciente) y las deltas (sueño profundo). Podríamos afirmar que este estado constituye el equilibrio perfecto entre actividad mental consciente y actividad mental inconsciente, o lo que es lo mismo, entre sistema nervioso autónomo y sistema nervioso voluntario. En este estado, la actividad del lóbulo frontal (pensamientos) no bloquea ni condena completamente a la inconsciencia la actividad del cerebro profundo (no-pensamientos). Se da un equilibrio entre el estado de pensamiento y el de no-pensamiento. Este hecho tiene grandes repercusiones en el estado de salud de los habitantes de las grandes ciudades modernas. Uno de los problemas muy extendido es el del insomnio. El insomnio es la incapacidad de la mente de liberarse de la actividad del lóbulo frontal y de conectar con el cerebro profundo y con el sistema nervioso autónomo. Es decir, la incapacidad del cerebro de liberarse de la actividad beta y generar actividad alfa, theta y delta. Al no poder acceder al sueño profundo, durante el cual se autorregula el metabolismo general gracias a la actividad del sistema nervioso autónomo, el estado de salud global disminuye. Dormir es “desconectar” del yo consciente y de la tiranía del lóbulo frontal. Los registros del metabolismo que han sido llevado a cabo en practicantes avanzados de meditación zen dejan ver que su estado es muy similar al del sueño profundo y al de ensoñación, aunque con la gran diferencia de que su autoconciencia permanece despierta. Es por esta razón que muchos psicoterapeutas recomiendan o estimulan la práctica de zazen en sus pacientes, ya que este estado de ensoñación consciente facilita, por una parte, el acceso a los contenidos inconscientes y, por otra, un cierto nivel de autoconciencia necesario para una correcta integración de los mismos en la estructura mental consciente (ego).

  1. La conciencia.

La meditación zen es sobre todo una técnica de expansión de la conciencia que permite una captación sensorial más amplia, una transmisión de las señales más fluida, un procesamiento de la información más completo y, por lo tanto, una reacción más adaptada a la realidad. La conciencia expandida propia de la meditación zen no es ya identificable a la actividad del yo consciente (lóbulo frontal) sino que incluye también actividad inconsciente (cerebro profundo), trascendiendo esta división categórica y generando un tipo de actividad nerviosa holística e integradora. San Juan de la Cruz expresó este estado en sus famosos versos: ”No saber sabiendo, toda ciencia trascendiendo”.

  1. El comportamiento y las relaciones.

Los efectos benéficos e integradores de la práctica de zazen, si son auténticamente reales, deben observarse necesariamente en el comportamiento general de sus practicantes. Después de veinte años dedicados a la práctica y a la enseñanza del Zen, mi experiencia personal es que aquellas personas que hacen de la meditación zen una constante en sus vidas experimentan cambios substanciales en su manera de ser, de estar y de relacionarse con el mundo. Actualmente no tenemos ningún estudio objetivo que permita cuantificar y definir estos cambios, pero creemos que sería muy interesante que dicho estudio pudiera llevarse a cabo.

Conclusión.

Los estudios científicos sobre los efectos de la meditación zen en el estado global de salud son aún insuficientes a la hora de trazar una teoría general que corrobore muchas de las afirmaciones enunciadas en este artículo. Por ello, este artículo debe ser considerado como una aportación a dicha teoría. Todas las afirmaciones aquí vertidas están basadas en la experiencia personal de los autores y en los resultados de los pocos estudios experimentales llevados a cabo sobre todo en Japón. Los autores esperamos que este artículo sirva de estímulo a muchos profesionales de la medicina, de la psicología, de la antropología, de la sociología, etc. y les incentive a iniciar líneas de investigación que aúnen los resultados de las ciencias occidentales y los resultados experienciales de los practicantes zen.

Breve reseña de los autores:

Dokushô Villalba es maestro de meditación Zen. Fundador de la Comunidad Budista Soto Zen española y del templo Luz Serena, escritor, traductor, conferenciante.

Jasone Zabala es Lcda. en Medicina General por la Universidad del País Vasco. Diplomada en Naturopatía y en Psicoterapia Humanista.

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Testimonios del taller “Quien soy yo”

Respuesta a la pregunta “¿Qué te llevas de este taller?” hecha en la última sesión del taller de 2010

Taller “Quien soy yo” 2010. Sesión final 1 from Jasone Zabala on Vimeo.

Testimonios de algunos asistentes en que expresan lo qué se llevan del taller una vez éste ha finalizado


Taller “Quien soy yo” 2010. Sesión final 2. from Jasone Zabala on Vimeo.


Taller “Quien soy yo” 2010. Sesión final 3. from Jasone Zabala on Vimeo.

Video de sesión en grupo con niños

Trabajo de la Dra. zabala con niños from Enric Carbó on Vimeo.

La Dra. Zabala trabaja con algunas técnicas de la Gestalt para la eduación emocional con los niños. Primero dibujan los miembros de su familia como animales. Además de hacerse la composición de todos los miembros por la distribución, tamaño, colores, etc. establece un diálogo con los niños para mostrar las interacciones.


Trabajo de la Dra. Zabala con niños -2 from Enric Carbó on Vimeo.

Carta

2011 Amada o Amadas Diosas gracias os doy por ponerme en este camino , aquí hoy por compartir este taller con las mujeres.Siento mucha gratitud, soy una mujer privilegiada de poder desarrollar cada dia esta parte oscura o llena de ego en una hermosa luz. Sé desde la Emoción o sentimiento que falta cosas que pulir, limpiar y tener acción Hay una parte de mi que se siente decepcionada, con poco valor y sé que tengo valor. Pero siempre está el miedo que me paraliza para poder realizar y expresar la mujer que realmente soy

Hay un enfado porque no salto al vacío, no confío plenamente en mi. Me autoengaño en sentirme segura, pero chicas “me cago por la pata alante”

Quiero sentirme segura con valor y acción en cada situación que se me presenta en la vida, pero me quedo inmovil y me castigo con enfados, con dudas y el ego machacando (Tú no vales, donde vas, se van a reir de ti)
Este ego me atrapa en el miedo, pues me  llego a creer que no soy valida
¡Basta ya! ¡Basta ya!

20111 Soy una mujer muy valiosa con un gran poder y un gran corazón, dónde sé que todo lo que necesito lo tengo.Que me admiro por ser como soy. Pues soy un ser con defectos y virutdes, donde cojo los errores para aprender de ellos y no volver a caer en ellos¡¡A veces caigo!!

No quiero enfadarme más conmigo, por falta de valor o decisión. Sólo deseo con toda mi Alma tener la suficien-te valentía para serguir en esta trayectoria Espiritual, caminando consciente en cada  momento de mi ser.

Os doy las gracias a todas por enseñarme y compartir tantoSolo decir que

SOY UNA MUJER, ME AMO Y me acepto

Gracias

Carta a Perséfone

Jasone! antes de que se me olvide te mando mi carta a mi diosa Perséfone. Ahora cuando la vuelvo a leer me doy cuenta que tengo más fuerza para poder superar esta fase de mi vida. Un saludo

Estimada Perséfone:

Es la primera vez que me comunico contigo y creo que de una forma un poco desagradable.

Supongo que siempre habrás estado ahí dentro de mi y yo nunca me he dado cuenta. Quizás no he sabido cuidarte y mimarte lo suficiente y por ello ahora sales asi.

Con lo pesimista que yo soy empezaría a reprocharte que por qué me haces esto, que qué mal he hecho yo en esta vida para que me trates asi…, pero …no! voy a cambiar, voy a ser optimísta .

Ser optimista implica empezar de nuevo.

Hola Perséfone!

-Encantada de conocerte. Soy E

Te agradezco enormemente el tesoro que me has entregado con esa luz para empezar a conectar conmigo misma, empezar a amarme, a disfrutar de la vida, de la a legría, del amor, del miedo, del fracaso, del éxito…, en fin gracias por esta luz para poder conseguir con el tiempo la paz interior y lograr ser una heroína.

Durante un tiempo andaremos juntas , con ese miedo que me aportas , esa indecisión , esta inseguridad…, pero con el tiempo conseguiré que esa luz tan bonita, tan pura y tan blanca convierta todo esto que hay dentro de mi en una mujer alegre, segura, confiada, divertida que sepa afrontar toda las adversidades de la vida de un modo totalmente distinto al que lo estoy haciendo ahora

Supongo que “sudar la camiseta” no es fácil. Que el pozo en el que me he metido podrá levarme tiempo, pero también se que la voluntad con la que cuento y la fuerza de mi luz conseguirá recuperar mi paz tan deseada para mi.

Carta a Artemisa

No te llamaré ni querida, ni amada diosa, ni te reverenciaré, ni te ofreceré exvotos. Porque no necesitas nada de de eso de mí en tu independencia.

     Te sonreiré con mirada pícara y juntas miraremos los árboles y la luna llena una vez más. Reiremos y bailaremos juntas, desnudas, a la luz de la noche en un campo de lavanda. Contigo volveré a entrar en comunión con la madre Tierra y todas sus criaturas.

     Tu fuerza será mi fuerza para seguir, para no desviarme del camino otra vez. Y si lo vuelvo ha hacer que tu flecha certera guíe de nuevo mis pasos, esa flecha que va en la dirección que yo marco, pero que a veces no es certera en su trayectoria.

     Pero deja vivir a las otras Diosas. No necesitas resaltar por encima de las demás, tú no eres así, no eres competitiva. Esa claridad que me permite muchas veces ver el dolor que los demás esconden, tiene que vivir conmigo, para permitirme dar desde la risa, la alegría, la esperanza.

       No debo caer en la autosuficiencia, porque el ser humilde me permite bajar del escalón de la independencia y pedir ayuda y crear con algunas personas vínculos que han durado toda mi vida, pese al tiempo y la distancia. Y eso me conmueve y me hace sentir que hay esperanza para el género humano, para nuestro maltratado planeta azul.


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