Fragmentos de una carta

Siempre he sido persona de decir si aunque pensase no, me grabaron a base de golpes la palabra obedecer. Tuve muy buena maestra “me lo enseño a golpes y castigos”. Luego la vida se encargo de hacerme tragar el poco orgullo que había quedado dentro. Conozco casi todos los ansiolíticos del mercado, los he tenido que utilizar varias veces para poder seguir adelante. Pero la semilla de la rabia estaba dentro de mí, y llegaste tú a mi vida para hacerla brotar. Tú me ayudaste a preparar la tierra para que germinara, mis compañeras fueron el abono, sin sus experiencias tan duras o más que la mía me llenaron de fuerza, me sentí avergonzada de darle importancia a lo mío cuando oí contar a Marisol su enfermedad, a C. lo de su madre, a la chica de Requena cuyo nombre no consigo acordarme aunque sí de ella…..etc. etc.

Cuando nos obligaste a gritar “yo” no reconocía esa palabra en mi, siempre había pensado “los demás” mi vida es para ellos. No podía salir de mi boca ese grito, no tenía fuerza para gritarlo, tú me ayudaste diciendo que diese una patada en el suelo y luego que jopease con el puño para dejar salir esa rabia, empezó a subir de mi estomago o incluso de más abajo esa sensación de ahogo que quería salir y dije “yo” solo con el pensamiento, y luego en voz baja como con vergüenza, pensando que era egoísta dejándome sentir eso , pero poco a poco lo fui gritando y a cada patada que gritaba “no”, notaba que lo podía decir y que a partir de ese momento lo diría más veces . Lo mismo me ocurrió con la palabra “no”, cuando golpeaba con mi puño en el suelo necesitaba hacerme daño para sentir lo que estaba diciendo. Pero te aseguro que lo aprendí. En ese curso aprendí “yo” y “no”. Parecerá poco pero algo empezó a cambiar en mi vida todos lo notaron yo también.

En el segundo aprendí que era un bicho de lo peor. Una dominanta que se escudaba en el papel de víctima para ocupar un sitio en la vida de los demás, estaba haciendo muy rentable el ser maltratada, y eso me hizo sentirme mal. Pensé que de alguna forma engañaba a los demás. Porque a lo mejor yo misma provocaba esa situación porque me daba buenos resultados, alimentaban mi ego, me sentía heroína, capaz de cargar con todo yo sola para despertar la admiración de los demás. Quizá ese era el mensaje que me mandaba la vida y yo no quería escuchar “yo era una orgullosa cargada de soberbia que me sentía por encima de los demás, no era consciente de ello, lo disfrazaba sintiéndome víctima, pero tenía un bicho castrador dentro, quitaba merito a los demás en beneficio mío. Leí “las Brujas no se quejan ” que tú me recomendaste y pensé que en verdad era una bruja. Aprendí a ser un poco más humilde, yo no era ni mucho menos la buena de la película.

(…)

Gracias Jasone por todo y no dejes de repetir estos talleres aunque te cueste un esfuerzo ayudas mucho a las mujeres y eres una buena maestra. Y permíteme dar las gracias sobre todo a mis compañeras, amigas, hermanas, en estos talleres sin su apoyo, cariño y amistad, esta experiencia no hubiese sido posible. Siempre os llevare en mi corazón. Esto no es una despedida, sino un hasta siempre.


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