La comunicación en pareja

Como extraños que no tienen nada que decirse” cantaba Charles Aznavour… A pesar de la ternura, a pesar del cariño y de la esperanza, dos seres que han andado un buen trecho de su camino juntos, un día se encuentran enfrentados, incapaces de comunicarse, de abrir su corazón, de mostrar sus pensamientos, de hacerse accesibles

¿Por qué han llegado a esta situación? ¿Cómo fue eso posible? ¿Pueden mejorar sus relaciones?

Desde luego que sí, si ambos miembros de la pareja eligen la comunicación como puerta de entrada al conocimiento de sí mismos, o también podríamos decir, en lugar de conocimiento, co-nacimiento del sí mismo.

En nuestra cultura, el inicio de la vida en pareja está cargado de tal inversión (afectiva, económica, social…) que casi siempre se ha asociado con la posibilidad de encontrar la felicidad y de poseerla perpetuamente. Esta idealización de la vida a dos será fuente de decepciones y frustraciones ya que la realidad de la vida en común no responde jamás a los sueños y a las fantasías que proyectamos en el comienzo del encuentro amoroso o a lo largo de la vida en común. A no ser que cada uno de los miembros de la pareja asuma el compromiso de mirarse, de trabajarse interiormente, de despertar a ese conocimiento o co- nacimiento del sí mismo.

El compromiso consiste en: aceptarse en la imagen proyectada en el otro; ir “mas allá” del ideal perdido; centrarse en la observación de la propia vida, de la propia conducta, de los propios sentimientos; y, por supuesto, apresarlos creativamente en la pareja, sin caer en el mutismo enfermizo ni “tomar las de Villa Diego” o “Si te he visto no me acuerdo”.

Al despertamos en este sentido, surge la conciencia-responsable y podemos nacer a todo lo que somos en ese amplio espectro de luces y sombras. Al liberamos de falsas creencias y vanas ilusiones también liberamos al ser amado, a nuestro compañero-a en el camino.

Una de las piedras que encontramos en el camino es la confusión entre nosotros y el yo+yo. Esto quiere decir que cada uno de los miembros de la pareja puede en distintas ocasiones ampararse, recuperar, alienar la palabra del otro en beneficio propio… Y esto con los mejores sentimientos y las mejores intenciones.

Casi siempre sin saberlo, pues es difícil no escuchar nuestro propio deseo, sobre todo cuando habla más fuerte que el del otro. La confusión del YO y del TÚ oculta a veces un deseo de posesión y encierra un poder de alineación, al cual es difícil escapar por estar enunciando en términos de amor y de buena intención. En este sentido una buena frase para reflexionar es:

“No puedo pensar en nosotros
Estoy todavía en el yo
puesto que durante años
he venido siendo el otro”

Otra piedra en el camino de la comunicación es la imposibilidad de diálogo por falta de escucha. Muchas veces esa imposibilidad de escuchar al otro de una manera activa quiere decir: “No quiero escuchar”, “lo que me dices es demasiado doloroso para quererlo entender” o “he hablado demasiado para impedirle que me diese el eco que sin embargo deseaba”.

Todo esto nos conduce a un doble monólogo que deja a cada uno insatisfecho y reivindicativo frente al otro.

La trampa más frecuente es quizás que el yo perciba como un reproche todo lo que el otro intenta comunicarle. El habla de él y yo creo que se refiere a mí, como si yo fuese responsable y culpable de todo lo que para él o ella es difícil y lo que él o ella vive sólo se debiese a mis insuficiencias.

Otra piedra en el camino de la comunicación en la pareja es el resentimiento acumulado. Podríamos preguntamos ¿De dónde viene este resentimiento? Muchas veces viene de esperanzas contradictorias y de la ambivalencia que tenemos con respecto al “tener” o al “carecer” delotro.

E! resentimiento se nutre de decepciones vividas a través de una multirud de pequeños detalles más o menos insignificantes (palabras, miradas, mímica, gestos que son vividos como estímulos ante una falta, una insuficiencia)

Para evitar todo esto harían falta muchos momentos de charlas clarificadoras que funcionasen como “purgas”, para evitar la intoxicación, la polución de la relación producida por la vida cotidiana compartida. Y así podríamos enumerar otras tantas piedras del camino como la agresividad indirecta, las expectativas irrealizables, la importancia de la presencia del pasado, la “contabilidad afectiva” en la pareja.

Para terminar me gustaría invitar a todas las parejas que lean este artículo que ensayen y se comprometan en la comunicación con su pareja, creando una dinámica de RELACION. Este camino a veces puede parecer agotador o difícil pues de lo que se trata es de encontrarse a sí mismo en las proyecciones inconscientes que hacemos sobre el otro. La comunicación también implica un riesgo importante: el escuchar activamente al otro puede llevamos a un cambio. Y este cambio, en ocasiones -si nos atrapa las identificaciones egoicas- podemos vivirlo con MIEDO.

Aquí podemos decir, para relajar esta fantasía, que cambiar no es convertirse en otro. Es convertirse en quien se es… y aceptarlo.

Afirmar nuestra existencia es crear la posibilidad de no caer en el engaño de los deseos y las exigencias del otro, ni en las propias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *