Las patologías del deseo material femenino

Tres patologías del deseo material femenino están vinculadas en su significado: las compras compulsivas, la cleptomanía y las comilonas.
En el budismo existe una descripción de diferentes formas de existencia que se simbolizan como ámbitos únicos en la Rueda de la Vida.
El ámbito de los “espíritus hambrientos” es aquel al que son atraídos los seres por sus deseos insatisfechos.
Los espíritus hambrientos se describen como criaturas parecidas a los humanos, con largas gargantas que son tan estrechas y están tan en carne viva que el tragar produce un dolor insoportable. Sus grandes vientres distendidos son incapaces de digerir ningún tipo de alimento, y los intentos de gratificarse solo producen un hambre más intensa. Los espíritus hambrientos no pueden disfrutar con las experiencias de la vida cotidiana, sino que están obsesionados con lograr una completa liberación de los dolores de su pasado, sin ser conscientes de que sus deseos son inalcanzables. La naturaleza vacía e insaciable de los espíritus hambrientos se halla dolorosamente expresada en las mujeres que están atrapadas en el mundo material de las compras.
Según un psicólogo clínico Will Cupchik, nos dice que el cree que las mujeres que roban lo hacen porque tienen deseos inconscientes que no han reconocido: no han integrado satisfactoriamente las pérdidas, las heridas y la cólera de sus relaciones que han sido de maltrato o insatisfactorias. Se sienten víctimas de una serie de personas a las que quieren “devolvérsela” robando.
Otra patología son las compras compulsivas o el gasto excesivo.
La compra compulsiva de distingue de la compra ordinaria por los siguientes criterios:
Impulsos de comprar que se viven como irresistibles; comprar frecuentemente más allá de los propios medios artículos que no se encestan, y comprar durante períodos de tiempo más largo de los que se pretende.
Estos impulsos interfieren en la vida laboral y familiar significativamente y a menudo suelen tener como consecuencia graves problemas económicos, como el llegar a arruinarse.
Los compradores compulsivos van a los grandes almacenes cuando se sienten tristes, solitarios, enfadados, frustrados, heridos o irritables. La vasta mayoría informa que suelen sentirse poderosos cuando están comprando, se sienten felices aunque este sentimiento les dura poco. Después llega la depresión cuando se dan cuenta de la gran cantidad de dinero que han gastado.
Existen numerosos estudios que nos dicen que se dan más compradoras compulsivas entre las mujeres que entre los hombres. Estos pueden recurrir al alcohol, a los deportes…al sexo. Como estrategias distintas para completarse.
En el caso de las mujeres parece ser que el comprar es la estrategia más normal.
Muchas mujeres sin llegar a convertirse en compradoras compulsivas, lo hacen de manera impulsiva como forma de subir su autoestima, una forma de aliviarse de alguna decepción en el trabajo, en casa o con algún amigo o amiga.
En vez de abordar los acontecimientos de una manera clara, buscando la comprensión de lo que ha pasado, con sentido de la autodeterminación y de la responsabilidad en la propia vida.

Otra patología que nos habla de ese hambre interna, a menudo descrita como un agujero negro que consume todo en su desesperación, son las comilonas, los empachos.
Los comedores compulsivos crónicos consumen grandes cantidades de comida, los suficientes para enfermar. Algunos vomitan y otros no.
La comida, como las compras, crea una sensación física que parece llenar el vacío interior.

Las tres patologías del deseo femenino se encuentran frecuentemente en tándem o al unísono. Es decir, que la cleptomanía, las compras compulsivas y empacharse afectan a menudo a la misma mujer, en diversos períodos de tiempo simultáneamente.
Sin llegar a estos extremos adictivos, muchas mujeres podemos encontrarnos ansiando cosas o comida cuando tenemos que hacer frente a deseos dolorosos no satisfechos.
Algunas mujeres se vuelven hacia los bienes materiales en búsqueda de consuelo o de venganza por los amores perdidos o por otras pérdidas. Otras mujeres están desesperadas por poseer el último vestido de moda o artilugio de belleza que supuestamente debe aumentar su atractivo. Persuadidas por la cultura patriarcal de buscar el poder en los roles femeninos de musa, madre y esposa, descubren que en ellos no existen una elección y un poder reales y entonces vuelven la culpa y el resentimiento contra SL mismas. En vez de crear un yo, se olvidan de si creando una imagen, en vez de aprender a conocer sus deseos, se ocupan en sentirse deseables.
Si a mediados de su vida, una mujer no tiene un sentido claro de su valía y de sus propios deseos, habrá desarrollado un agujero negro en lugar de un auténtico yo. El agujero es el espíritu hambriento, ansiando siempre satisfacer sus deseos imposibles e incapaces de estar satisfecha en el presente.
Los dolorosos anhelos de los espíritus hambrientos expresan una necesidad de nutrirse espiritualmente, la única clase de alimento que puede satisfacer la vacuidad. En el budismo Zen la figura ayudadora de estos espíritus es el bodhisatva de la Compasión, que ofrece un cuenco lleno de objetos simbólicos de la nutrición espiritual. Esto es la necesidad de llevar una vida con sentido en un nivel más profundo, sentirse conectados con los demás y desarrollar la compasión por sí mismos y por los demás.

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