A
partir de nuestra experiencia del trabajo con niños, hemos visto cada
vez más la necesidad de incorporar a los padres en el proceso de
psicoterapia, de manera que los cambios sean profundos y permanentes. Todos
sabemos que al trabajar solamente con el niño, se tienen limitantes de
la forma de ser de los padres y de la familia, y que en muchas
ocasiones, el trabajo desarrollado por el niño se ve obstaculizado por
la familia. Partimos de la concepción de que los padres generan en
sus hijos conflictos, no por el hecho de ser malos o desear mal a sus
hijos, sino porque están reproduciendo esquemas poco funcionales que
ellos mismos aprendieron en su familia. Nuestra propuesta es que los
padres requieren desarrollar capacidades específicas que les permitan
tener un contacto efectivo y afectivo con sus hijos,
logrando su desarrollo pleno, previniendo así que surjan síntomas en el
niño como expresión de la conflictiva relacional de la família. El
niño se desarrolla en la relación. No puede haber un desarrollo
individual del bebé si no es a partir de una relación. La relación
padres-hijos efectiva se desarrolla en cuatro momentos básicos, la
expresión no verbal, la capacidad de descubrir y compartir el mundo, la
conciencia y capacidad de compartir el mundo interior, y la capacidad
lúdica. Estos cuatro momentos básicos del desarrollo constituyen el
fundamento de nuestro modelo, regresando a ellos, uno a uno, para
descubrir en que momento hubo algún bloqueo, mismo que causa síntomas
que deben ser abordados en la relación padres - hijos, brindando a
ambos la capacidad de desarrollarlos plenamente, y de esta manera,
restableciendo el flujo tanto en el individuo, como en la relación con
el otro. Al mismo tiempo estos elementos forman parte de nuestra
capacidad de relacionarnos en el futuro con amigos, compañeros y
eventualmente una pareja.
GUADALUPE AMESCUA VILLELA Directora del Centro de Estudios e Investigación Guestálticos Oaxaca. México
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