Algunos testimonios de mujeres después de pasar por el taller 


Nivel 1. La mujer y el deseo de ser

Nivel 3. Sanar la ruptura madre-hija


Poema

Venerables Artemisa y Afrodita:

 

Desde este claro de luna el que me encuentro, yo os invoco.

 

Venid y ayudadme a despertar mis sentidos resecos; traedme el olor del salitre y el azahar, la presencia cálida del sol sobre la piel, el sabor agridulce de los frutos del verano, el deleite de las caricias sin prisa.

 

Artemisa, toma de la mano a mi Hestia y confiérele el coraje para actuar y arriesgar, para expresar con firmeza, para que no olvide que al miedo sólo se le combate mirándolo de frente.

Tráeme el movimiento en el aire, muéstrame la visión desde el vuelo, regálame unas alas que me guíen hacia la autonomía, y unas manos pacientes para cuidar de mí misma.

 

Afrodita, toma de la mano a mi Atenea y estimula su creatividad con tu alquimia; libérame de los lastres y vuélveme ligera, transforma mi plomo en oro.  Mantenme unida a la renovadora naturaleza salvaje y confiada en el fluir de los ciclos Vida/ Muerte/ Vida; devuélveme a la intuición y al instinto.

Fertilízame con el numen de la tierra, desenrolla con tu danza el fuego de mi espíritu, aviva con tu aliento las ascuas del deseo, albergadas en algún lugar entre mi corazón y mi vientre.

Invísteme de tu alegría, regálame un cascabel que me evoque el tintineo de tu risa, recuérdame con tu contoneo el disfrute de mi cuerpo.

 

Enséñame a amar, conéctame con la empatía, caldéame con la intimidad compartida, con el abrazo. Permite que me cale la vida, no quiero una soledad despoblada.

 

Mantenme receptiva al cambio, ilumina mi conciencia con el foco de la concentración y hazme ver el valor de aquello sobre lo que pongo mi atención, porque eso está impregnado de mi amor.

 

Venid y dignificadme, honradme con vuestra presencia, mantened viva en mí la llama de lo sagrado.

 

Ahora sé que estáis conmigo. Gracias.

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Poema

Vengo de un lugar sombrío y triste

Allí recompuse mis deseos,

mis propósitos, mis anhelos...

 

Traigo zapatos nuevos que

andan solos, y pies desnudos

deseando apretarse a la tierra.

 

Vengo de la informe e indigna dispersión;

de donde el "yo" se hace trizas y

descompuesto en indelicadas miserias

se esconde, asustado, del mundo.

 

De ese lugar maldito, donde

cada cierto tiempo el dolor

te obligar a pasear sin prisas.

 

Fui coherente; estuve, asustada, hueca,

sin ilusiones... , pero supe anclarme en el

tiempo, aislar mis sueños,

respirar e1 vacío... y dominar mi ego.

 

Vengo de pararme en esquinas inmundas,

de calles informes...

De dormir en rincones llenos de

miedo y soledad.

De abrazar sentires redondos, profundos,

intensos, armónicos, esenciales...

que solo me afloraban en sueños.

De saber que son (y muero por ello) utópicos,

Imaginarios, ingenuos, bobos.

 

Vengo de comprender,

de asimilar y aceptar la terrible realidad

de que los dioses, hoy, tenemos cuerpo

E. S.

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Carta

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